Autopoiésis y Sistemas Dinámicos Cerrados: Conservación y dinámica de la identidad sistémica.
nueva visión sistémico recursiva del operar de los sistemas dinámicos cerrados en general y de los seres vivos en particular

Autopoiesis
Humberto Maturana Romesín Martes 8 de Agosto del año 2006 / 17:17
Con este extraordinario artículo nuestro Instituto contribuirá en una próxima publicación del área inmunológica editada por el Dr. Nelson Vaz, a plantear una nueva visión sistémico recursiva del operar de los sistemas dinámicos cerrados en general y de los seres vivos en particular.



Autopoiésis y sistemas dinámicos cerrados:
Conservación y dinámica de la identidad sistémica.

Humberto Maturana Romesín
Instituto de Formación Matríztica



Fundamentos

"Todo lo dicho es dicho por un observador a otro observador que puede ser él o ella misma." Como seres humanos nos conducimos en nuestro vivir cotidiano, científico, o técnico, haciendo distinciones de entes y relaciones que tratamos como si existiesen en sí o desde sí con independencia de lo que hacemos para distinguirlos, y hablamos como si tales entes y relaciones de alguna manera ya existiesen antes de la operación de distinción con que los hacemos aparecer en nuestro observar. Es más, actuamos en nuestro operar biológico como seres vivos, y en nuestro operar humano como seres reflexivos, en la confianza implícita de que vivimos inmersos en un ámbito de procesos regulares, repetitivos, en el que encontraremos todo lo que requerimos para vivir y seguir viviendo. Cada nuevo organismo que surge de un acto reproductivo, emerge desde un progenitor que lo entrega al vivir como un ente cuya anatomía y fisiología implica precisamente eso, viene como hecho y preparado para encontrar el mundo que necesita para vivir, y normalmente, sucede así. Esto es lo que vemos como observadores en nuestro vivir, y es en esto en lo que nos apoyamos para explicar nuestro vivir en la confianza de que existimos en un mundo de coherencias estructurales independientes de nuestro operar. Y todo parece estar bien hasta que nos damos cuenta de que hay aspectos de la interioridad de nuestro vivir que no podemos explicar con esa actitud. Lo que nos aparece como lo básico al explicar nuestro vivir, es el hecho de que todo lo que sucede en el mundo de nuestro hacer y observar ocurre de acuerdo a regularidades en el operar de los entes y procesos que distinguimos que muestran que el acto de observar no especifica lo que ocurre en lo observado aunque lo altere. A esta condición básica de nuestro comprender y explicar nuestro vivir y los mundos que vivimos, sin la cual no podemos entender ni explicar cosa alguna, y cuya validez conceptual y operacional se funda de hecho en que surge como abstracción de las coherencias operacionales y experienciales de todo lo que hacemos en nuestro vivir, la llamo determinismo estructural. Esta noción dice que en nuestro vivir y nuestro explicar todos los entes que emergen en nuestras distinciones surgen operando con propiedades que aparecen como intrínsecas de ellos, cuando se trata de entes simples, o con características que resultan de cómo están hechos, si se trata de entes compuestos. O, dicho de otra manera, operamos en nuestro vivir y en nuestro explicar en la confianza de que cuando incidimos o actuamos sobre un sistema lo que ocurrirá en éste será el resultado del operar de su hechura, esto es, de su estructural en ese instante. En esta confianza consciente o inconsciente, explícita o implícita, en el determinismo estructural de su existir y del existir del medio que lo contiene, se funda todo el vivir de los seres vivos en general y todo nuestro vivir y hacer humano en particular: nuestro vivir cotidiano, nuestro hacer ciencia, o tecnología o arte.

Al mismo tiempo nos ocurre que aunque vivimos todo lo que vivimos como válido en el momento de vivirlo, los seres humanos sabemos que no sabemos en el momento de vivir lo que vivimos si luego lo trataremos como una ilusión o como una percepción. El que esto sea así no es una condición circunstancial del momento histórico que vivimos, es nuestra condición existencia. Aunque hablamos como si el acto de conocer consistiese en observar a algo que existe con independencia de nuestro acto de distinguirlo, el hecho de que en la experiencia misma no sepamos si lo que vivimos lo trataremos más tarde como una ilusión o una percepción, nos indica que en un sentido estricto no podemos pretender eso, y nos muestra que el acto de conocer no consiste ni puede consistir en una referencia a algo que existe con independencia de lo que hacemos al distinguirlo. En el fondo esto lo sabemos aunque frecuentemente no nos hacemos cargo de lo que ello implica. Así, cuando queremos saber si alguien sabe o tiene ciertos conocimientos en un cierto ámbito, le pedimos que nos muestre su hacer en ese ámbito, y si su hacer nos parece adecuado, decimos que esa persona sabe. De hecho nada de esto constituye una dificultad para lo que hacemos en cualquiera de las dimensiones de nuestro vivir. Podemos investigar el código genético como un fenómeno molecular, podemos viajar a la Luna, podemos describir a las células neuronales, pero no podemos contestar las preguntas: ¿Qué es el vivir?, ¿qué es un ser vivo?, o ¿cómo surge y conserva la armonía operacional en el operar de una totalidad sin un principio ordenador?

* Si desea una versión completa de este artículo, por favor solicítela al Sr. Patricio García en el mail: patricio@matriztica.org
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