Conocimiento, juicio e información. Sebastian Diaz Rovano.
La determinación de lo que se entiende por humano será una tarea fundamental para definir la relación que se tiene con el objeto de estudio a saber: el conocimiento

Knowledge
Sebastian Diaz Rovano. Jueves 27 de Julio del año 2006 / 22:20
Sebastian Diaz Rovano.
mfioxa@hotmail.com

La determinación de lo que se entiende por humano será una tarea fundamental para definir la relación que se tiene con el objeto de estudio a saber: el conocimiento. En primera instancia guiados por una instintiva valoración del hombre como ente activo, consiente y por derivación idéntico a sí mismo, en suma protagonista de los temas que piensa, objetivador y propositor de sus preocupaciones, y segundo por que lo humano a de ser el punto de partida para entender el alcance del conocimiento, su objetivo y su naturaleza dada la esencial función que este pretendería objetivar.
Entonces, el hombre podrá determinarse por cuestiones sumamente amplias referidas a esferas y modos históricamente fluctuantes, dependientes a su vez de la forma en como este se ve en los distintos contextos epistemologicos, sin embargo aquí intentaremos reducir “su ser en el mundo” a un hecho genérico fundamental que trasciende sus distintas realidades socioculturales acercándose mas bien a una corroboración de un hecho biológico mas que a una reflexión dentro de una teoría histórica abstracta (contexto variable dentro lo social, económico, técnico, etc.) la cual actuara como invariante y referente fundamental dentro de un sin fin de cualidades que pueden describirse en un análisis idealista como se perfila este hasta aquí, dentro de estas cualidades se encontraría la practica e irreductible circunstancia de ser “mortal”, característica que inmediatamente lo sitúa en un lugar, en un tiempo, a fin de cuentas, lo enfrenta a su determinada existencia en el mundo. Sumergido de esta forma, primeramente, en la búsqueda de alcanzar un “algo” en un “tiempo limitado”,,, su vida, y en segundo lugar en la lucha contra la incertidumbre que lo hace hombre; El no saber “que ocurrirá mañana”, lo cual, por un lado, le avisa que esta vivo, y por otro le inyecta la voluntad necesaria para vivir pues este día podría ser él ultimo de su vida.
Es esta sensación de incertidumbre y sorpresa la que rebalsa la vida y lo que vive, pues de saber todo lo que ocurrirá perderíamos el sentido de nuestra existencia, su medida, origen, dirección y causalidad, y creeríamos saber como seremos o seriamos destruyendo en ese instante la noción misma de tiempo como la entendemos (pasado – presente – futuro) inadvirtiendo ingenuamente nuestros propios cambios a lo largo de nuestras vidas. El saber qué pasará podría invalidar todos mis esfuerzos haciéndome descansar en la creencia que saberlo es vivirlo, pero sabemos que no es así, la verdad es que necesitamos la incertidumbre y la sublime fragilidad de nuestras existencias, necesitamos creer algo, descubrir otra cosa, y luego si es necesario cambiar de opinión, o aceptar humanamente la contradicción. Así puede advertirse que los mejores descubrimientos son aquellos que descubren una cosa distinta a la que motivo la investigación, y sin embargo, dada la potencia de lo descubierto, son capaces de replantear todo lo que se creía hasta entonces, incluyendo la cuestión que determina la importancia de investigar o saber.

Este enfrentamiento del hombre a sus descubrimientos, a las causas, a lo que no se creía, nos arroja a una idea que redefine lo que nos es relevante, una idea que puede oponerse a algunas actuales herramientas del conocimiento pero que a fin de cuentas nos obliga a diferenciar “conocimiento” de “información”.
Esta idea se funda en la intuición de que no siempre sabemos lo que buscamos o lo que nos sirve para un propósito dado, no sabemos en que acabará cada búsqueda que empezamos, lo cual condiciona la manera en como nos relacionamos con nuestros objetivos y con la técnica que nos ayuda a conseguir aquellos. Aparece una necesidad de definir el patrimonio del conocimiento en función de lo que nos interesa como hombres, de lo que nos enriquece y ayuda a conseguir nuestras metas en un determinado contexto, entonces será necesario considerar el conocimiento como juicio critico, como cuestionamiento y reflexión ante la utilidad del saber. Antagónicamente aparece, una dinámica mecanizada frente a los saberes cuantificables, una fe ciega en los sistemas de información, los cuales han demostrado gran eficacia desde el nacimiento de una información sin autor (ya S.kierkegard había criticado el nacimiento de la prensa considerándola una realidad artificial y pretensiosa donde el hecho descrito se toma por objetivo y absoluto sin considerar nunca a aquel que lo observa como condicionante de la realidad) un buen ejemplo de este fenómeno es “Internet” con sus posibilidades por una parte y con sus protocolos de conducta por otra, herramienta que brindaría de manera expedita un acceso a la información, a un cúmulo homogéneo de información (todo puede traducirse en información) despojando estos datos de todo valor epistemológico, transformándose rápidamente en datos sin jerarquías utilitarias, y sin procesos de descubrimientos relevantes para el sujeto y por ende acerándose peligrosamente a una indiferencia entorno a la tematizacion y valoración de los distintos saberes cuestión que podría hacer prescindible una reflexión critica consciente.
En el polo contrario, oponiéndose a la eficiencia funcional de la información, se encuentra el valor de la experiencia y de la casualidad, de lo que nos enriquece indirectamente.
Si bien el hombre tiende a organizarse y planificar su entorno, la orgánica necesidad de vivir en ciudades tendría algo de azar y devenir ajeno, pues el vivir en un torbellino de relaciones y “posibilidades”, te relaciona con la incertidumbre inicial de la que hablaba, con el no saber que habrá a la vuelta de la esquina, ni que pasará más tarde o la posibilidad de que algún acontecimiento, el cual tu no controlas, cambie tu vida por completo. Es esta idea de experiencia la que ha de contraponerse a la información funcional, pues la información a secas será siempre una respuesta directa ante un requerimiento informativo (unidireccional), pero no implica un juicio de valor, entonces el conocimiento a mi manera de ver, tendría una condicionante más que su dato objetivo, tendría el valor de lo que nos interesa, y de por que nos interesa, de quienes somos, el valor de la posibilidad de rebatir aquel dato, apelando no a la incredulidad que se pueda tener frente a este, sino al cuestionamiento de la fuente y así de todo el sistema, cuestión que ha sido abordada por el hombre a lo largo de la historia en cada validación de su saber y de lo que le es relevante como tal.

Entonces usaré la noción de Robert Kurz para él termino información, quien la define como una herramienta mecánica cuyos fines distarían bastante de los fines del conocimiento. Según esto me enfrento a la definición del patrimonio del conocimiento, así encontraremos todos los datos construidos y elaborados al alero de la literatura, las artes, la técnica en general, y las distintas evoluciones culturales, patrimonio, a mi juicio, que pierde valor critico al abstraerse del campo que le dio origen o de la época que lo engendró, y la verdad es que a veces, el “hipertexto” de la era de la información, la interfase entre el hombre y la información, potencia la abstracción de los contenidos despojándolos de la distancia narrativa de su origen, el texto se conecta con cualquier parte de la información perdiéndose muchas veces, la lectura en un caos antijerarquico que negativizaria la noción deleuziana de rizoma que se ha establecido como analogon del comportamiento esquizoide de Las sociedades contemporáneas a modo de interpretación de un estado de cosas y no como operación utilitaria de la deshumanización.
Es esa peligrosa eficiencia de la Internet la que debe redefinirse en función del valor de la información y la construcción del conocimiento. Aquélla soberbia herramienta que pretendería llevarnos a “donde queremos llegar”, puede acabar mecanizando cada inquietud que tengamos frente al mundo, inquietud que a su vez no tenemos por que saber que esta ahí, o que late esperando en potencia su momento.
Según lo anterior, los medios de acceso a la información, y los métodos de conocimientos deberían incorporar la variable experiencia y casualidad, aquella que luego adquiere sentido, la que nos dice que no sabemos todo y por lo mismo que no sabemos todo lo que necesitamos. Esta casualidad no tiene por que ser desorden ni ineficacia, sino que debe “potenciar” el encuentro casual y reactivo de las experiencias que se entremezclan en la ciudad contemporánea otorgando valor a lo especifico por un asunto de contextualización y valoración del mundo. Es así como será de especial importancia la postura que se asuma frente a lo global, postura que podrá tomar lo necesario o mejor dicho lo útil de la bastedad de lo global sin perder la referencia original, ya sea quienes somos (localidad-identidad) o de donde somos.
Entonces se reafirmará la episteme como cuestión trascendente e históricamente situada, entendiendo de buena forma la potencia de las herramientas contemporáneas, las cuales han de ser dirigidas, gestionadas y no asimilables como un sistema cerrado autárquico.
Así será de gran importancia la gestión de una tecnología fluida, que no se transforme en un aparato de control, ni en un sistema tecnocratico anticrítico. La técnica debe ayudar a potenciar las mínimas divagaciones o escapes del hombre, dando espacio libre a la facultad creadora de este como individuo y también como ente social reactivo, critico y actualizable.

“El verdadero hecho intelectual del futuro esta en el diseño del conocimiento” R.Kurz.

En el contexto de la ciudad y como ejemplo de una activa reflexión sobre lo anteriormente dicho pongo el ejemplo de un programa arquitectónico contemporáneo y su correlato espacial, a saber una “Mediateca” la cual se enmarca entre las redefiniciones de un programa clásico como es la biblioteca, programa que le brinda el sentido histórico de la utilidad y objetivo de esta, pero que también situaría al nuevo proyecto a una distancia que buscaría una nueva institucionalización de su programa (mediateca) como motivo de redefinición critica. Es por esto que entenderé la mediateca como una nueva dinámica frente a la constante búsqueda humana de conocimiento y no simplemente como una densificación de relaciones aleatorias resultantes del crecimiento tecnológico.

Utilidad practica del planteamiento

La utilidad de plantearse el problema en los términos dialécticos experiencia-eficiencia técnica nos lleva a generar una constante lógica para la definición del conocimiento, la cual, dada su aplicabilidad genérica a lo largo de la historia, permite una actualización de la infraestructura según los requerimientos específicos de la época, las relaciones trazadas al interior del proyecto están soportadas por un criterio (valga la redundancia) relacional y no por una validación de los contenidos absolutos, validación que muchas veces termina por fundar un signo pesado difícil de articular con los criterios prácticos que le dan origen.
  • Sebastian Diaz Rovano.
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