De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo. Prefacio de Humberto Maturana Romesín a la segunda edición: La Palabra Autopoiesis
Francisco Varela llegó a mi laboratorio enviado por el Dr. Juan de Dios Vial Correa en abril de 1966, en el momento en que era aceptado como alumno para la Licenciatura en Biología de la Facultad...

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Anónimo Sábado 16 de Mayo del año 2009 / 14:16
La Palabra Autopoiesis


Francisco Varela llegó a mi laboratorio enviado por el Dr. Juan de Dios Vial Correa en abril de 1966, en el momento en que era aceptado como alumno para la Licenciatura en Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. A finales del año 1967, Francisco fue aceptado por la Universidad de Harvard para hacer allí un Doctorado en Biología, y regresó a Chile en 1970 a trabajar como investigador independiente (ahora sería profesor titular) en la Facultad de Ciencias. Como Francisco había sido mi alumno yo conocía profundamente sus méritos. Por eso apoyé e impulsé todas las iniciativas que fueron necesarias para que él regresase a Chile a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.


Yo pienso, repito, que toda formalización es necesariamente secundaria al entendimiento conceptual y operacional de lo que se quiere formalizar, y que de otro modo el formalismo se aleja de la experiencia. Francisco, evidente¬mente, coincidió conmigo en este planteamiento, y nos pusimos a trabajar en lo que finalmente resultó ser este libro. Yo escribía, luego lo discutíamos en un proceso, que aunque fue siempre interesante, nunca fue sencillo, y a veces fue doloroso. Lo que se me hizo evidente muy pronto en este proceso, fue que se necesitaba una palabra más evocadora de la organización de lo vivo que la expresión “organización circula” que yo usaba desde 1965. Así, un día que yo visitaba a un amigo, José María Bulnes, filósofo, mientras él me hablaba del dilema del caballero Quejana (después Quijote de la Mancha) en la duda de si seguir el camino de las armas, esto es el camino de la praxis, o el camino de las letras, esto es el camino de la poiesis, me percaté de que la palabra que necesitaba era autopoiesis si lo que quería era una expresión que captase plenamente lo que yo connotaba cuando hablaba de la organización circular de lo vivo. La palabra autopoiesis no surgió de José Maña, no la propuso él ni podría haberla propuesto pues no era su problema, la inventé o propuse yo. Aún así le agradezco la conversación posterior que tuvimos en la compañía de su esposa, Verónica, quien sugirió como alternativa la palabra "autopraxis" que yo rechacé, pues me pareció limitadora en otros aspectos. Al día siguiente se la propuse a Francisco a quién le gustó, y comenzamos a hablar de autopoiesis para referimos a la organización de los seres vivos.


Inicialmente yo pensé que podía usar la palabra autopoiesis de manera exclusiva para referirme a la organización de los seres vivos. Luego me di cuenta, como mencioné más arriba, de que no era posible hacerlo así ya que dicha organización, en principio al menos, puede ser realizada en muchos dominios diferentes con clases distintas de componentes, y dar origen así a muchas clases distintas de sistemas en los cuales la autopoiesis es incidental y no definitoria como es el caso de los seres vivos, los que existen sólo en tantos sistemas autopoiéticos moleculares. Por esto, me pareció que debía ser específico, en cada caso, con respecto a la señalización de la naturaleza de los componentes del sistema autopoiético de que hablaba, atendiendo a que es de hecho ésta la que determina en cada clase de sistema su dominio de existencia como unidad compuesta. Es por esto, que en mis publicaciones posteriores, como El árbol del conocimiento3, que escribí también con Francisco Varela, destaco que los seres vivos somos sistemas autopoiéticos moleculares, señalando que lo que nos define como la clase particular de sistemas autopoiéticos que somos, esto es, lo que nos define como seres vivos, es que somos sistemas autopoiéticos moleculares, y que entre tantos sistemas moleculares diferentes, somos sistemas autopoiéticos. En suma lo que en este libro pretendemos hacer, y mantengo que hacemos, es mostrar que los sistemas que distinguimos como seres vivos en el ámbito de lo biológico, son sistemas autopoiéticos moleculares, y que lo hacemos mostrando que todos los fenómenos biológicos resultan en el operar de los sistemas autopoiéticos moleculares, o de las contingencias históricas de su operar como tales y que, por lo tanto, ser vivo y sistema autopoiético molecular son lo mismo.


Desde la publicación primera de este libro, se ha planteado la pregunta sobre la posible existencia de sistemas autopoiéticos en otros dominios fuera del dominio molecular. Esta pregunta no se debe contestar a la ligera. Ciertamente es posible distinguir entre los seres vivos sistemas autopoiéticos de distintos órdenes según el dominio en que ésta se realiza. En tal distinción, las células son sistemas autopoiéticos de primer orden en tanto ellas existen directamente como sistemas autopoiéticos moleculares, y los organismos somos sistemas autopoiéticos de segundo orden en tanto somos sistemas autopoiéticos como agregados celulares. Sin duda es posible hablar de sistemas autopoiéticos de tercer orden al considerar el caso de una colmena, o de una colonia, o de una familia, o de un sistema social como un agregado de organismos. Pero allí, lo autopoiético resulta del agregado de organismos y no es lo definitorio o propio de la colmena, o de la colonia, o de la familia, o del sistema social, como la clase particular de sistema que cada uno de estos sistemas es. Al destacar y poner énfasis en el carácter autopoiético, de tercer orden, de tales sistemas, cuando ésta es de hecho algo circunstancial en relación a la constitución de sus componentes, y no lo que los define como colmena, colonia, familia, o sistema social, lo propio de cada uno de ellos como sistema queda oculto. Así por ejemplo, aunque es indudable que los sistemas sociales son sistemas autopoiéticos de tercer orden por el sólo hecho de ser sistemas compuestos por organismos, lo que los define como lo que son en tanto sistemas sociales no es la autopoiesis de sus componentes, sino que la forma de relación entre los organismos que los componen, y que connotamos en la vida cotidiana en el preciso momento en que los distinguimos en su singularidad como tales al usar la noción de "sistema social". Lo que sí no hay que olvidar ni desdeñar, es que estos sistemas autopoiéticos de orden superior se realizan a través de la realización de la autopoiesis de sus componentes.


Además, hay que reconocer que también pueden darse sistemas autopoiéticos de orden superior que sean al mismo tiempo sistemas autopoiéticos de primer orden en su propio derecho. Es posible que esto ocurra con muchos organismos si los procesos moleculares transcelulares e intracelulares que los realizan, resultan en su conjunto formando una red autopoiética molecular de primer orden que se intersecta con la realización de las autopoiesis moleculares particulares propias de las distintas células que lo componen. Si así fuese el caso, los organismos existirían como totalidades autopoiéticas en dos dominios fenoménicos diferentes, y estarían sujetos en su realización como tales a la conservación simultánea de dos dinámicas autopoiéticas de primer orden distintas, una, la celular de sus componentes, y la otra, la orgánica sistémica de su condición de totalidad. Igual pasaría con los sistemas que llamamos sociales si éstos fuesen también, como totalidades, entes autopoiéticos de primer orden, cosa que en mi opinión ciertamente no son. Tampoco los sistemas sociales son sistemas autopoiéticos en otro dominio que no es el molecular. Sin duda no lo son en el dominio orgánico, pues en ese dominio lo que define a lo social son relaciones conductuales entre organismos. Tampoco lo son, o podrían serlo, en un espacio de comunicaciones, como propone el distinguido sociólogo alemán Niklas Luhmann, porque en tal espacio los componentes de cualquier sistema serían o comunicaciones, no seres vivos, y los fenómenos relacionales que implican el vivir de los seres vivos, que de hecho connotamos en la vida cotidiana al hablar de lo social, quedarían excluidos.


Yo diría a lo más, que un sistema autopoiético en un espacio de comunicaciones se parece, a lo que distinguimos al hablar de una cultura.
En tanto es la organización lo que define la identidad de clase de un sistema, y es la estructura lo que lo realiza como un caso particular de la clase que su organización define (ver Maturana, 19754; y Maturana y Varela, 19853), los sistemas existen solamente en la dinámica de realización de su organización en una estructura. Por esto, la operación de distinción que trae a la mano un sistema, o que sólo lo connota con un nombre al apuntar a la estructura que lo realiza, define su identidad de clase, e implica la realización de su organización en una estructura. Las distintas palabras que usamos en la vida cotidiana corresponden a distintas operaciones que realizamos en el vivir, y nunca son en verdad arbitrarias, y siempre revelan coherencias del vivir en el ámbito de nuestro operar como seres humanos. Por esto, el que en el vivir cotidiano en castellano usemos distintas palabras para hablar de los seres vivos y de los sistemas sociales, indica que no connotamos el mismo sistema cuando usamos una u otra de esas dos palabras, e indica también que de hecho al hablar de seres vivos y sistemas sociales hablamos de sistemas diferentes porque están definidos por organizaciones diferentes. Esto es, si lo que hace al ser vivo ser vivo, es su ser un sistema autopoiético molecular, lo que hace al sistema social, no puede de ninguna manera ser lo mismo, en tanto el sistema social surge como sistema distinto del sistema vivo al surgir en la distinción como sistema social, aun cuando su realización implique el vivir de los seres vivos que le dan origen. Lo que nos confunde es la intersección estructural de los sistemas, la realización de dos o más sistemas distintos por medio de la misma estructura o de los componentes estructurales. En la intersección estructural las distintas organizaciones de los sistemas que se intersectan, no se intersectan, y permanecen distinta dando origen a sistemas que existen como totalidades diferentes en espacios distintos. No hay intersección de organizaciones, ni puede haberla, porque la, distinción implica la organización, y al distinguir sólo surge la organización implicada por la operación de distinción. Esto es, las distintas organizaciones que implicamos con las diferentes palabras que usamos, permanecen independientes y distinguibles entre sí, a pesar de la intersección de sus distintas realizaciones estructurales. La identidad del sistema queda especificada sólo en su organización, no en su estructura.


Como la organización no es directamente distinguible, sino que queda implicada en el acto de distinción que trae a la mano una estructura, y debido al hecho de que los sistemas interactúan por medio de su estructura, los sistemas son reconocidos sólo por aspectos particulares de su realización estructural. Sin duda todo esto lo sabemos desde la vida cotidiana porque es en ella donde nos damos cuenta de que podemos realizar en nuestro vivir varias identidades diferentes simultáneas o sucesivas en la misma corporalidad. Pero, si no nos damos cuenta, además, de que las palabras que usamos de hecho implican la organización de lo que distinguimos, no nos percatamos de que no podemos pretender que es posible adscribir cualquier organización que se nos ocurra al sistema distinguido, pues éste surge en la distinción con una organización implícita que queda especificada en su distinción. El no darse cuenta de esto ha llevado al uso indiscriminado de la palabra autopoiesis. Por último, es conveniente darse cuenta de que la organización implicada en una operación de distinción no es arbitraria debido al determinismo estructural del operar del observador, el que en cada instante sólo puede distinguir lo que la configuración relacional de su estructura y la estructura de la circunstancia, permiten.


» Referencia del Prefacio de Humberto Maturana Romesín a la segunda edición del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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