La gestación de la idea de Autopoiesis. Prefacio de Francisco Varela, De Máquinas Y Seres Vivos: Autopoiesis, La Organización De Lo Vivo
El antecedente directo de la gestación de la autopoiesis es el texto de Maturana escrito hacia mediados de 1969 originalmente titulado Neurophysiology of cognition. Humberto había continuado su...

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Autopoiesis.cl Sábado 23 de Mayo del año 2009 / 17:56

Cerniendo el problema


El antecedente directo de la gestación de la autopoiesis es el texto de Maturana escrito hacia mediados de 1969 originalmente titulado Neurophysiology of cognition. Humberto había continuado su propio camino de interrogación sobre lo inadecuado de la idea de información y representación para entender el sistema biológico. Pasó a visitarme en varias ocasiones a Cambridge y, como en Santiago, tuvimos largas conversaciones. En el semestre de primavera de 1969, Heinz von Foerster lo invitó por algunos meses al Biological Computer Laboratory, ocasión que coincidió con una reunión internacional de la Wenner Green Foundation bajo el tema "Cognition: A multiple view", un título visionario a la luz del desarrollo enorme de las hoy llamadas ciencias cognitivas, pero hasta entonces no formuladas como campo de investigación científico.


Humberto preparó para esa reunión el texto mencionado, dando por primera vez expresión clara atractiva a sus ideas maduradas hasta entonces, para poner más en claro lo que hasta entonces aludía como el carácter autorreferido de los seres vivos, y para definitivamente identificar la noción de representación como el pivote epistemológico que había que cambiar. En su lugar era necesario poner al centro de atención la concatenación interna de los procesos neuronales, y describir al sistema nervioso como un sistema "cerrado" como dice el texto. Este artículo marca un salto importante, y todavía hoy creo que inicia de manera indiscutible un giro en una nueva dirección. Recuerdo haber ido a visitar a Humberto a Illinois y haber discutido varias partes difíciles del texto mientras el parto se concluía. El texto apareció poco después6, y el artículo se abre con un párrafo de agradecimiento a las muchas conversaciones con Heinz y conmigo. Poco después Humberto retrabajó este texto a uno más definitivo que pasó a llamarse Biology of cognition.


En este texto se toca sumariamente una idea que me venía intrigando desde antes, y que como ayudante del curso de biología celular que enseñaban George Wald y James Watson en Harvard me había aparecido como no muy claro, como una anomalía: se hablaba de la constitución molecular de la célula, y se usaban términos como auto mantención, pero nadie, ni aun los dos premios nobeles reunidos, sabían lo que se quería decir con ello. Lo que es peor, cuando empujaba yo la discusión a la hora del almuerzo, la reacción habitual era un típico "Francisco, siempre metiéndose en filosofía". Mis notas de aquella época incluyen varios intentos de cernir la autonomía básica del proceso celular como base de la autonomía de lo viviente. Hacia fines de 1969 apareció en el escaparate de Shoenhoff’s Foreing Books en Cambridge, el opus magnum de Jean Pieaget titulado Biologie et connatssance7, donde se apunta claramente a una necesidad de revisar la biología en la dirección de "l'autonomie du vivant", pero el lenguaje de Piaget y sus idiosincrasias me dejaban insatisfecho.


En su artículo, Humberto hacía el vínculo entre el carácter de los procesos neuronales y el hecho que el organismo es también un proceso circular de cambios metabólicos, como se ilustraba con referencia a un artículo reciente de Conmone aparecido en Science que discutía los nuevos avances de la bioquímica del metabolismo y su evolución. La pregunta que se cernía entonces era ésta: ¿si dejamos de lado por el momento la organización del sistema nervioso centramos la pregunta sobre la autonomía de lo vivo en su forma celular, qué podemos decir? Esta reflexión sobre la naturaleza circular del metabolismo en los seres vivos y su relación con el operar cognitivo, aunque ocupa una corta página en la versión definitiva de Biologo of cognition, sería un punto focal desde donde arrancaría el desarrollo de la noción de autopoiesis.


Estos eran los meses finales de 1970. Estaba yo de vuelta en Chile, ya que el Departamento de Biología me había pedido que me hiciera cargo del curso introductorio de Biología Celular para nuestros nuevos alumnos. Con Maturana éramos ahora colegas en el Departamento de Biología, vecinos de oficina en las barracas "transitorias" (pero todavía utilizadas) del nuevo campus de la Facultad de Ciencias en la calle Las Palmeras, en Macul. Estaba todo en su lugar para lanzarse a explorar la pregunta sobre la naturaleza de la organización mínima de lo vivo, y no perdimos tiempo. En mis notas los primeros esbozos más maduros aparecen ya a fines de 1970, y hacia fines de abril de 1971 aparecen más detalles junto con un modelo mínimo que sería más tarde simulado en el computador. En mayo de 1971 el término autopoiesis figura en mis notas como resultado de la inspiración de nuestro amigo José M. Bulnes, quien acababa de publicar una tesis sobre el Quijote donde se utilizaba la distinción entre praxis y poesis. Una nueva palabra nos convenía porque queríamos designar algo nuevo. Pero la palabra sólo adquirió poder asociada al contenido que nuestro texto le asigna; su resonancia va más allá del mero encanto de un neologismo.


Fueron meses de discusión y trabajo casi permanentes. Algunas ideas las probaba con mis estudiantes del curso de Biología Celular, otras con colegas en Chile. Era claro que nos embarcábamos en una tarea que era conscientemente revolucionaria y antiortodoja, y que ese coraje tenía todo que ver con el estado de ánimo de Chile donde las posibilidades se abrían a una creatividad colectiva. Los meses que llevaron a la configuración de la autopoiesis no son separables del Chile de entonces.


En el invierno de 1971 sabíamos que teníamos un concepto importante entre las manos y decidimos escribirlo. Un amigo nos prestó su casa en la playa de Cachagua. Fuimos en dos ocasiones entre junio y diciembre. Los días en la playa se dividían en largas caminatas, y sobre todo un ritmo monástico de escritura que normalmente iniciaba Humberto y retomaba yo. Al mismo tiempo iniciaba yo una primera versión (que revisaba Humberto) de un artículo más breve que expondría las ideas principales con la ayuda de la simulación de un modelo mínimo (que llamamos "Protobio", como detallo más adelante). Hacia el 15 de diciembre (otra vez según mis notas de 1971), teníamos una versión completa de un texto en inglés llamado: Autopoiesis: the organization of living systems. En su versión dactilografiada eran 76 páginas, de las cuales se hicieron algunas docenas de copias en el antiguo método de roneo en tinta azul. Aunque hubo algunas modificaciones ulteriores, ese texto es lo que el lector tiene entre sus manos en su traducción española.


Como ha ocurrido a menudo en la historia de la ciencia, la dinámica creativa entre Maturana y yo fue una resonancia en espiral ascendente, en la que participaba un interlocutor ya maduro que aportaba su bagaje de experiencia y pensamiento previo, y un joven científico que aportaba ideas y perspectivas frescas. Como es evidente dadas las circunstancias, las ideas no surgieron en una conversación ni en dos, ni era una simple cuestión de hacer explícito lo que estaba ya dicho antes. Lo que estaba en el trasfondo debió ser configurado en un salto cualitativo. Tales transiciones no son nunca simples, ni es posible retratar como ocurrieron de manera exacta, porque es siempre una mezcla de pasado y presente, de talentos y debilidades, de imaginación e inspiración. La noción madura de autopoiesis tenía, como hemos visto, claros antecedentes, pero entre los antecedentes y una idea madura hay un salto que es crucial. Y así como Franklin no es la doble hélice de Watson & Crick, ni Lorentz es la relatividad especial, los antecedentes claves de la autopoiesis no son reducibles a la expresión madura de la idea, como es fácil ver comparando los textos publicados. Es un ejemplo límpido de lo que había ya aprendido con mis maestros franceses: que la ciencia tiene discontinuidades, que no funciona por acumulación empírica progresiva, y que es inseparable de su contexto histórico social.


Dejemos por el momento la filigrana histórica e identifiquemos cual es, más precisamente, la especificidad del concepto y como se constituye como un salto cualitativo.



La Especificidad de la Autopoiesis

¿Qué era lo que habíamos logrado en esos meses de intensa producción? ¿Por qué el concepto habría de tener una resonancia más allá de las barracas de la Facultad de Ciencias? Para poder responder, necesito la paciencia del lector para poder decir qué es la autopoiesis y diferenciarla de lo que no es. Esto por dos razones. La primera porque lo que esté dicho en el texto de este libro ha tenido una maduración en las dos décadas que lo siguieron que lo aclaran y lo hacen más terso que cuando fuera escrito por primera vez. Segundo, porque es sobre la base de mi comprensión actual que hablo aquí sobre su historia y su devenir.
Lo que demarca el trabajo hecho en este texto es que por primera vez se articulan explícitamente las ideas siguientes:


0. El problema de la autonomía de lo vivo es central y hay que cernirlo en su forma mínima, en la caracterización de la unidad viviente.

1. La caracterización de la unidad viva mínima no puede hacerse solamente sobre la base de componentes materiales. La descripción de la organización de lo vivo como configuración o pattern es igualmente esencial.

2. La organización de lo vivo es, en lo fundamental, un mecanismo de constitución de su identidad como entidad material.

3. El proceso de constitución de identidad es circular: una red de producciones metabólicas que, entre otras cosas, producen una membrana que hace posible la existencia misma de la red. Esta circularidad fundamental es por lo tanto una autoproducción única de la unidad viviente a nivel celular. El término autopoiesis designa esta organización mínima de lo vivo.

4. Toda interacción de la identidad autopoiética ocurre, no sólo en términos de su estructura físico-química, sino que también en tanto unidad organizada, esto es, en referencia a su identidad autoproducida. Aparece de manera explícita un punto de referencia en las interacciones y por tanto la emergencia de un nuevo nivel de fenómenos: la constitución de significados. Los sistemas autopoiéticos inauguran en la naturaleza el fenómeno interpretativo.

5. La identidad autopoiética hace posible la evolución a través de series reproductivas con variación estructural con conservación de la identidad. La constitución identitaria de un individuo precede, empírica y lógicamente, el proceso de evolución.



Estos cinco puntos entrelazados expresan la especificidad de la autopoiesis como noción, su ruptura con concepciones anteriores y, en mi opinión, el fundamento de por qué ha encontrado resonancia en estas dos décadas. En efecto, la idea condensa de una manera compacta y casi holográfica tres conceptos que están al centro de las preocupaciones de varias disciplinas científicas actuales: la neurobiología y la biología evolutiva, las ciencias cognitivas y la inteligencia artificial, las ciencias sociales y de la comunicación:


· Hay en la naturaleza propiedades radicalmente emergentes, que surgen de sus componentes de base, pero que no se reducen a ellos. La vida celular es un caso ejemplar de una tal propiedad emergente, y sobre esta base puede definirse lo vivo de una manera precisa y aún formalizable.


· Toda serie evolutiva es secundaria a la individuación de los miembros de la serie El proceso de individuación contiene capacidades emergentes o internas que hacen que la serie evolutiva no se explica sólo sobre la base de una selección externa, sino requiere también de las propiedades intrínsecas de la autonomía de los individuos que la constituyen.


· El fenómeno interpretativo es una clave central de todos los fenómenos cognitivos naturales, incluyendo la vida social. La significación surge en referencia a una identidad bien definida, y no se explica por una captación de información a partir de una exterioridad.



Lo que esta idea no evoca es la deriva histórica de sistemas celulares terrestres, tal como los conocemos hoy en su expresión mínima bacteriana. En particular la autopoiesis establece las condiciones necesarias para una serie evolutiva porque determina un tipo de individuos, pero no se pronuncia sobre la manera como esos individuos adquieren cambios estructurales que les permiten una deriva evolutiva rica y diversa. Es aquí donde entran a jugar un rol clave los ácidos nucleicos (ADN, ARN) y las proteínas (las llamadas moléculas con información) en tanto soporte de la herencia celular, lo que probablemente comenzó con el mundo del ARN. La discusión sobre el origen de la vida habitualmente se centra sobre esta serie de cambios estructurales8. En contraste, la autopoiesis sólo pretende establecer la clase de individuos con la que esa serie evolutiva comienza y se origina: se trata del criterio de demarcación entre los primeros seres vivos y la sopa primordial que los precede, ni más ni menos. Mantener estas distinciones a la vista permite evitar muchas discusiones estériles.


Una idea y dos textos

Lo que acabo de perfilar no era evidente, insisto, en 1971. Como es inevitable, la comprensión se desenvuelve a lo largo del tiempo y en la medida de sus efectos. No sorprende entonces el que el texto que concluimos hacia fines de 1971 no tuvo una aceptación inmediata. De hecho fue enviado al menos a cinco editores y revistas, y todos sin excepción lo consideraron impublicable. Recuerdo que en enero de 1972, mi ex profesor Porter me invitó de visita al nuevo Departamento de Biología de la Universidad de Boulder, donde con entusiasmo di una charla titulada: "Cells as autopoietic machines". La recepción fue fría y distante, como la fue también la de colegas de Berkeley que visité por la misma época.


Las dificultades de publicación, añadidas al momento político por el que pasaba Chile hacia fines de 1972, me hacían sentirme alienado del mundo científico internacional. Por lo mismo, la ocasional recepción entusiasta de ciertas personas a quienes yo respetaba fue de un enorme valor. El primero en tener una percepción clara de las posibilidades de la idea fue naturalmente nuestro amigo Heinz en EE.UU., con quien había comunicación constante y quien vino a Chile durante esos años. Otro cibernético y sistemista ya célebre que tuvo una reacción positiva fue Stafford Beer que venía regularmente a Chile. En efecto, Fernando Flores lo había contratado a nombre del gobierno para echar a andar un sistema revolucionario de comunicación y regulación de la economía chilena inspirado del sistema nervioso, que pasó a llamarse Proyecto Cinco. Beer respondió con tal entusiasmo a lo que el texto planteaba que decidimos pedirle un Prefacio que él accedió a escribir inmediatamente. En enero de 1972, con una copia todavía fresca del manuscrito fui invitado a México por Iván Illich a su centro CIDOC en Cuernavaca. El día de la llegada, le di el manuscrito y a la mañana siguiente me quedó grabada su reacción: “Es un texto clásico. Ustedes han logrado poner la autonomía al centro de la ciencia". A través de Illich, el texto llegó a manos del famoso psicólogo Erich Fromm, quien me invitó a su casa-retiro a discutir del nuevo concepto, que él incorporó de inmediato al libro que escribía por entonces9. En Chile mismo, Fernando Flores y otros colegas del Proyecto Cinco fueron también un público atento a nuestra manera de pensar. Trabamos con Flores lo que habría de ser una fructífera amistad, y muchos años más tarde la autopoiesis figuraría entre los conceptos importantes que él utilizaría para desarrollar sus propias ideas. Es difícil imaginar todo lo que significó para mí en esa época el encontrar receptividad en personas de esta calidad.


Entretanto el texto seguía haciéndose rechazar por una lista creciente de editores extranjeros. Era natural entonces dirigirse a la Editorial de nuestra Universidad, y a fines de 1972 firmamos un contrato que incluía la traducción del texto por doña Carmen Cienfuegos. De máquinas y seres vivos: una teoría sobre la organización biológica se imprimió en abril de 1973. El texto original en inglés no aparecería sino hasta 1980, cuando la idea había ya adquirido una cierta popularidad, en la prestigiosa serie "Boston studies on the philosophy of science", con una Introducción firmada por Maturana, el texto Biology of cognition, el prefacio de Beer, y el texto en cuestión Autopoiesis: the organization of living systems10. Según me informa el editor, este libro ha sido el best seller de la colección.


El destino del breve artículo escrito en paralelo a este texto sufrió una historia similar. Como mencioné antes, además de una presentación sucinta de la noción de autopoiesis, la intención del artículo era de ayudar a la claridad expositiva a través de un caso mínimo de autopoiesis. Ya hacia fines de 1970 habíamos llegado a la conclusión de que un caso simple de auto producción requeriría dos reacciones: una de polimerización de elementos de membrana, la otra de generación metabólica de monómeros. Esta última debía ser una reacción catalizada por un tercer elemento preexistente en la sopa de reacción. Concebido este esquema de reacción, parecía evidente probar una simulación de este caso mínimo (que pronto pasó a llamarse Protobio en nuestra conversación) utilizando autómatas celulares (o de teselación, como se decía entonces), un útil de modelización introducida en los años 50 especialmente por John von Neuman.


Con la colaboración de Ricardo Uribe de la Escuela de Ingeniería, las simulaciones dieron rápidamente los resultados que la intuición nos hacía esperar: la emergencia espontánea en este mundo bidimensional artificial de unidades que se auto distinguían a través de la formación de una membrana, y que mostraban una capacidad de auto reparación. El paper fue enviado a varias revistas incluyendo Science y Nature, con resultados semejantes al texto del libro: rechazo completo. Heinz vino a Chile de visita en el invierno de 1973, y nos ayudó a reescribir el texto de manera significativa. Se lo llevó a EE.UU. bajo el brazo y lo envió al editor de la revista Biosystems de la cual era miembro del comité editor. El paper sufrió algunos comentarios duros de los revisores, pero poco después fue aceptado y finalmente apareció a mediados de 197411. Este artículo es importante de mencionar aquí porque fue la primera publicación de la idea de autopoiesis en inglés en el mundo internacional, lo que llevó a la comunidad internacional a hacerse cargo de la idea, y porque anticipó en 20 años lo que habría de devenir el explosivo campo hoy llamado de la vida artificial y los autómatas celulares, como explico más adelante.


La visita de Heinz en julio de 1973 tuvo lugar en el medio de la tormenta que se avecinaba y que nos sumía a todos en una atmósfera de crisis permanente con desesperados intentos por estabilizar un país que se dividía en dos. Como militante comprometido con el gobierno del Presidente Allende, a partir del 11 de septiembre me encontré amenazado. Inteligencia militar vino a la Facultad con listas de ex partidarios, y en dos ocasiones patrullas nocturnas vinieron a buscarme a mi domicilio donde ya no acudía a dormir. Fui exonerado de mi cargo universitario por órdenes "superiores". Con mi familia decidimos vender todo y partir. La mayor parte de mis colegas de la Facultad de Ciencias se dispersaban también por el mundo. Con la diáspora de los científicos de la Facultad, se acababa una época de la ciencia en Chile, una etapa importante de mi vida personal, y con ella el contexto que dio origen a la idea de autopoiesis. Pero naturalmente la idea habría de tener nuevos avatares, sobre todo fuera de Chile.

» Referencia del Prefacio de Francisco Varela García a la Segunda Edición del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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 1..2 de 2 Opiniones

  1. Luzmiralopez » luzmiralopezhotmail.com23:20 Horas, 9/4/2013


    He leído atentamente el artículo,me parece muy interesante y evolucionado,se mescla lo biológico como materia y lo vivo con la experiencia,son temas que debiéramos dar más espació,en los canales de TVE,RAdios etc ,sería de gran utilidad,se ocuparía la atención de la población,que sólo se está informando de crímenes y farándula. Felicitaciones.

  2. 9:02 Horas, 2/5/2010



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