EXPANSIÓN Y CONTINUIDAD DE UNA IDEA. Devenir de la autopoiesis en sentido estricto. Prefacio de Francisco Varela, De Máquinas Y Seres Vivos: Autopoiesis
¿Cuál fue el devenir de la idea de autopoiesis al interior de las ciencias? Poco después de la aparición del artículo en Biosystems en 1974, la idea empezó a hacer su camino con cierta inercia...

AutopoiesisScience
Autopoiesis.cl Jueves 28 de Mayo del año 2009 / 0:28

Devenir de la autopoiesis en sentido estricto

¿Cuál fue el devenir de la idea de autopoiesis  al interior de las ciencias?  Poco después de la aparición del artículo en Biosystems en 1974, la idea empezó a hacer su camino con cierta inercia en los medios científicos. No viene al caso hacer aquí una historia detallada, quiero sólo dar de modo indicativo algunos hitos.
Aquellos que se ocupaban de teoría de sistemas fueron los primeros en reaccionar y ya en 1976 la reunión internacional de sistémica en New York había una sesión especial llamada Autopoiesis (en la que fui conferenciante invitado). El primer libro dedicado exclusivamente a la idea apareció poco después12. Habrían de haber muchos otros libros y artículos en años posteriores. Más importante para mí, fue que la idea empezó a suscitar interés entre los biólogos, muy especialmente a través de Lynn Margulis, destacada investigadora del origen de la vida y la evolución celular. A partir de comienzos de los años 80 Margulis adopta la autopoiesis como el criterio para definir el origen de los seres vivos y difundió la idea a muchos otros científicos activos en el área. Bajo Margulis, Gail Fleischaker escogió el tema para su tesis doctoral y publicaría más tarde una serie de artículos originales sobre el tema.


Aunque a partir de entonces, a nivel teórico y biológico la idea de autopoiesis se encarnaba en el discurso científico, por muchos años tenía yo la esperanza de que pudiera servir de guía para la síntesis de sistemas precelulares. Estos desarrollos habrían de esperar los años 90 cuando Luigi Luisi y su grupo en Zürich decidieron lanzarse al desafío de la construcción de sistemas autopoiéticos sintéticos sobre la base de micellas lipídicas, haciendo uso de un know-how experimental considerable13. Los resultados muestran claramente que la circularidad autopoiética puede implementarse en un sistema químico real, sometido a restricciones similares a las de los primeros sistemas celulares. Como señalaba el editorial de Nature, comentando un artículo de Luisi que aparecía en el mismo número, la síntesis de sistemas autopoiéticos artificiales representa "el haber completado una etapa más para resolver el misterio del origen de la vida”14.


Estos últimos años han sido también testigos de una nueva corriente de investigación interdisciplinaria llamada Vida artificial, continuación natural de la cibernética de los años 50, uno de cuyos objetivos es la simulación y realización de sistemas vivos a varios niveles, desde el celular hasta el robótico15. Uno de los postulados más repetidos de esta corriente, hoy en día muy publicitada en medios periodísticos, es que es una organización lo que permite definir la vida, y no los componentes, por muy sofisticadas que sean sus propiedades enzimáticas o replicativas. Ésa es, por cierto, una intuición que guiaba nuestra búsqueda en 1971. Más aún, los autómatas celulares que usáramos en el Protobio, se transformaron en las manos de la vida artificial, en la herramienta predilecta de simulación de toda clase de propiedades biológicas.



La autopoiesis como metonimia

No puedo omitir aquí un comentario sobre otra dimensión de la expansión de la idea de autopoiesis más allá de la biología hacia las ciencias humanas, donde ha suscitado un interés inusitado. Pienso que en estos casos la autopoiesis aparece jugando un rol metafórico, o más precisamente, metonímico. Esta tendencia ya se planteaba en el prefacio que Stafford Beer escribiera en 1972, donde afirma que es "evidente" que la idea puede extenderse para caracterizar un sistema social. Ya en esa época tenía yo una posición escéptica al respecto, como lo señala el mismo Beer.


En los años que siguieron, este uso metonímico tomó fuerza en dominios tan diversos como la sociología, en los escritos del famoso sociólogo alemán Niklas Luhman16, la teoría jurídica17, la teoría literaria18, así como una extensa literatura en el campo de la terapia familiar sistémica19. Toda esta profusión de interés ha sido para mí fuente de sorpresa. Después de años de escuchar los argumentos y los usos de la idea en varios de estos campos, he llegado a algunas conclusiones generales de las que quiero dejar constancia brevemente.


Quiero distinguir en esta literatura secundaria dos modos de transposición de la idea original: (1) una utilización literal o estricta de la idea, (2) una utilización por continuidad. Con el primer modo me refiero al hecho que ha habido intentos repetidos de caracterizar, por ejemplo, una familia como un sistema autopoiético, de manera que la noción se aplique en este caso estrictamente. Estos intentos se fundan, en mi opinión, en un abuso de lenguaje. En la idea de autopoiesis las nociones de red de producciones y de frontera tiene un sentido más o menos preciso. Cuando la idea de una red de procesos se transforma en “interacciones entre personas”, y la membrana celular se transforma en el “borde” de un grupo humano, se incurre en un uso abusivo, como lo expresé en un comentario crítico que he publicado al respecto20.


El uso de la autopoiesis por continuidad es otro: se trata de tomar en serio el hecho de que la autopoiesis busca poner la autonomía del ser vivo al centro de la caracterización de la biología, y abre al mismo tiempo la posibilidad considerar los seres vivos como dotados de capacidades interpretativas desde su mismo origen. Es decir, permite ver que el fenómeno interpretativo es continuo desde el origen hasta su manifestación humana. En lo fundamental, yo estoy de acuerdo con este uso y esta extensión posible. En el panorama de ideas actuales es quizá una de las facetas más originales de este trabajo. Sin embargo, pienso que darle una argumentación y una expresión rigurosa a esta articulación requiere trabajo serio. Entre los ejemplos que me parecen convincentes destacan el que hace J.P. Dupuy en su análisis de los sistemas sociales21, Winnograd & Flores en su análisis sobre la comunicación22, y el texto más evocativo de W.I. Thompson23. Por desgracia a menudo la idea de autopoiesis se la cita en este tipo de literatura de manera mucho más superficial.


En breve, creo que queda claro para el lector que, en lo fundamental, tengo un gran escepticismo sobre la extensión del concepto más allá del área para la que fue pensado, es decir, la caracterización de organización de los sistemas vivos en su expresión mínima. Aunque no hay una razón a priori, después de todos estos años mi conclusión es que una extensión a niveles “superiores” no es fructífera y que debe ser dejada de lado, aun para caracterizar un organismo multicelular24.  Por el contrario, el ligar la autopoiesis como una opción epistemológica más allá de la vida celular, al operar del sistema nervioso y los fundamentos de la comunicación humana, es claramente fructífero25.

» Referencia del Prefacio de Francisco Varela García a la Segunda Edición del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



Participar en el Foro
 1..1 de 1 Opiniones

  1. 9:06 Horas, 2/5/2010



Página [1]