Evolución y deriva natural, Enacción y cognición, Conciencia y fenomenología. Prefacio de Francisco Varela, De Máquinas Y Seres Vivos
Un tercer paralelo crítico al que he llegado naturalmente en estos años es que para poder dar sentido a un sistema autónomo, el pensamiento evolutivo debe dejar atrás una visión neo darwinista que...

Evolution by DriftBiology of CognitionConsciousness and Self
Autopoiesis.cl Jueves 28 de Mayo del año 2009 / 0:37

Evolución y deriva natural

Un tercer paralelo crítico al que he llegado naturalmente en estos años es que para poder dar sentido a un sistema autónomo, el pensamiento evolutivo debe dejar atrás una visión neo darwinista que entiende la selección como fuente instructiva de modificaciones históricas. La nueva visión que emerge en consonancia con todo un movimiento renovador en biología evolutiva se hace cargo de las capacidades auto organizativas intrínsecas del organismo a nivel genotípico (el genoma es una red compleja) y durante el desarrollo embriológico (el desarrollo es una transformación integrada, y no la expresión de caracteres). Además, el acoplamiento estructural con el medio se realiza, no sólo a nivel del individuo, sino también a vatios otros niveles, tanto celular como poblacional, y sobre la base de ciclos completos de vida. El énfasis en la constitución interna y los múltiples niveles de imbricación del ciclo de vida de todo organismo llevan a cambiar la visión de la selección natural clásica a una que puede designarse como deriva natural. En la evolución como deriva natural, la selección aparece como condi¬ciones de borde que deben ser satisfechas, pero al interior de las cuales el camino genotípico y fenotípico de un organismo se funda en su clausura operacional. Las consecuencias de todo esto son, por cierto muy importantes, pero no es éste el lugar para entrar en detalles33.




Enacción y cognición

Una de las críticas que debe hacerse a esta obra (así como a mi libro del 79), es que la crítica de la representación como guía del fenómeno cognitivo es reemplazada por una alternativa débil: lo externo como mera perturbación de la actividad generada por la clausura operacional, que el organismo interpreta ya sea a nivel celular, inmunitario o neuronal. Reemplazar la noción de input-output por la de acoplamiento estructural fue un paso importante en la buena dirección porque evita la trampa del lenguaje clásico de hacer del organismo un sistema de procesamiento de información. Pero es una formulación débil porque no propone una alternativa constructiva al dejar la interacción en la bruma de una mera perturbación. A menudo se ha hecho la crítica que la autopoiesis, tal y como está expuesta en este libro, lleva a una posición solipsista. Por lo que acabo de decir, yo pienso que ésta es una crítica que tiene un cierto mérito. La tentación de una lectura solipsista de estas ideas deriva de que la noción de perturbación en el acoplamiento estructural no toma adecuadamente en cuenta las regularidades emergentes de una historia de interacción en donde el dominio cognitivo no se constituye ni internamente (de un modo que lleva efectivamente al solipsismo), ni externamente (como lo quiere el pensamiento representacionista tradicional). En estos últimos años he desarrollado una alternativa explícita que evita estos dos escollos, haciendo de la reciprocidad histórica la clave de una codefinición entre un sistema autónomo y su entorno. Es lo que propongo llamar el punto de vista de la enacción en la biología y ciencias cognitivas34. Enacción es un neologismo, inspirado del inglés corriente en vez del griego como lo es la autopoiesis. Corrientemente enacción se usa en el sentido de traer a la mano o hacer emerger, que es lo que me interesa destacar. La prueba de fuego de este punto de vista es que ha permitido una reconstitución detallada y meticulosa de un fenómeno que puede verse como caso ejemplar: la visión de colores35.




Conciencia y fenomenología

La última pieza del puzzle a considerar aquí es la relación de estas ideas sobre el ser vivo en sus varias dimensiones y el fenómeno de lo mental y la conciencia, entendida como experiencia vivida. De hecho el problema de la conciencia vuelve a estar a la orden del día hoy: no se puede hacer neurociencias sin dar una respuesta, aunque sea implícita, a esta cuestión. Desde mi punto de vista, la crítica del conocimiento que acompaña a la autopoiesis  y que se continúa al poner en evidencia el rol central de la interpretación y de la autonomía de los seres vivos, es clave. Sin embargo, ese nuevo análisis biológico requiere un complemento de una disciplina fenomenológica de la experiencia. Esta exigencia de una disciplina adecuada es un punto ciego en nuestro discurso científico que se contenta con suponer que la vida mental aparece como algo evidente y accesible a los humanos, lo que es un error radical. Esta crítica se aplica a la cuasi totalidad de los escritos actuales sobre la conciencia y aún a lo que decimos en el Árbol del conocimiento, donde se reclama un rol para la experiencia (es el comienzo y el fin del camino del itinerario conceptual que el libro recorre), pero no se ve más allá en el esfuerzo por buscar una metodología explícita para poder tematizar esa experiencia. En este sentido he vuelto a recobrar mi antiguo interés en la fenomenología europea, y en particular en Merleau-Ponty, como el antecedente más cercano a mi posición enactiva, aunque añado a esa tradición europea, un sostenido interés en una disciplina de la experiencia que encarna la tradición de medita¬ción budista a lo largo de 20 siglos. Esta circulación necesaria entre experien¬cia y ciencias cognitivas es el tema de mi libro más reciente, quizá el escrito que más me ha exigido en un esfuerzo de síntesis, para lograr poner lado a lado la enacción y la experiencia entendida como una disciplina rigurosa36. Mi interés actual está centrado sobre todo en esta reciprocidad: externalidad de la operación cognitiva y fenomenología de la experiencia vivida. En el laborato¬rio, las nuevas técnicas de imágenes cerebrales permiten explorar todo esto de manera empírica y precisa. Es el comienzo de una nueva ciencia biofenomelógica donde falta casi todo por hacer.




CODA

Como se ve, desde mi perspectiva de 1994, la autopoiesis no encarna sola una nueva visión de la vida y el conocimiento. A su lado aparecen otras nociones igualmente importantes, tales como la clausura operacional, la enacción, la deriva natural y la metodología fenomenológica. Los referentes empíricos se extienden consecuentemente en nuevos programas de investigación detallados, sean las redes de linfocitos, la marcha de los insectos, o las imágenes cerebrales. Se trata de un edificio de nuevas concepciones epistemológicas y de resultados empíricos que tiene gran amplitud y se sostiene con rigor. Han sido 20 años productivos en los que la etapa de formulación de la autopoiesis marca, en retrospectiva, un hito importante como debería ser evidente para el lector que ha tenido la paciencia de seguirme hasta aquí. Este Prefacio es también para mí la ocasión de agradecerle públicamente una vez más a Humberto Maturana el haber sido mi primer maestro en el juego de la ciencia, y luego colega en la aventura de lo nuevo. Pocos son los que tienen su coraje y lucidez como pensador; si nuestros encuentros no hubieran sido, mi vida tendría una dimensión de menos.


Pero si esta construcción lenta y sostenida, llena de corsi y ricorsi como toda creación intelectual, tiene hoy día viabilidad científica, es porque se  inserta en una sensibilidad histórica que la autopoiesis intuía ya en 1973. Como decía al comienzo de este Prefacio, no hay creaciones personales desprovistas de una inserción: el que una idea tenga un impacto es un hecho histórico y no una aventura personal o un asunto de “tener razón”. La autopoiesis sigue siendo un buen ejemplo de alineamiento con algo que sólo aparece más claramente configurado en varios dominios del quehacer cultural humano y que indicaba yo con el nombre de un giro ontológico. Es decir, una progresiva mutación del pensamiento que termina con la larga dominancia del espacio social del cartesianismo y que se abre a la conciencia aguda de que el hombre y la vida son las condiciones de posibilidad de la significación y de los mundos en los que vivimos. Que conocer, hacer y vivir no son cosas separables y que la realidad y nuestra identidad transitoria son parmers de una danza constructiva. Esa tendencia que designo como un giro ontológico no es una moda de filósofos, sino que se refleja en la vida de todos. Entramos en una nueva época de fluidez y flexibilidad que trae detrás la necesidad de una reflexión acerca de la manera de como los hombres hacen los mundos donde viven, y no los encuentran ya hechos como una referencia permanente.


Las consecuencias éticas de este darse cuenta son importantes, y en todo caso suficientemente actuales para que merezcan una discusión más extensa que la que puedo hacer aquí37. Pero insisto sobre este punto porque la ocasión de escribir este prefacio que celebra estos 20 años sería tristemente dilapidada si no llegara a comunicar al lector la importancia de expandir el horizonte para considerar el carácter profundamente social y estético de donde esta idea se inserta, más allá de la ciencia y la biología, y más allá de las personas que figuran como autores. En ese sentido este pequeño libro no ha perdido vigencia y todavía puede leerse con provecho. En definitiva una invención científica en cualquier campo requiere actores que sean sensibles a las anomalías que siempre nos rodean. Esas anomalías deben ser mantenidas en un estado de suspensión y cultivo mientras se es capaz de encontrar una expresión alternativa que reformule la anomalía como un problema central, tal y como la autopoiesis pone la autonomía al centro del problema de la vida y el conocer. Quizá el caso de la autopoiesis, en el que me ha tocado la fortuna de ser partícipe, pueda servir para ilustrar esta dinámica de la innovación y contribuir así a que el futuro de la ciencia en Chile sea responsable de cultivar sus sensibilidades propias y no sea un eco de tendencias de otras latitudes.

París, enero de 1994.



» Referencia del Prefacio de Francisco Varela García a la Segunda Edición del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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