Capítulo 3: MATERIALIZACIONES DE LA AUTOPOIESIS. De Máquinas Y Seres Vivos: Autopoiesis, La Organización De Lo Vivo
La afirmación de que los sistemas autopoiéticos son sistemas vivientes exige demostrar que toda la fenomenología de un sistema vivo puede reducirse o subordinarse a su autopoiesis. Es obvio que...

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Autopoiesis.cl Sábado 30 de Mayo del año 2009 / 8:45

La afirmación de que los sistemas autopoiéticos son sistemas vivientes exige demostrar que toda la fenomenología de un sistema vivo puede reducirse o subordinarse a su autopoiesis. Es obvio que esta demostración no puede consistir en enumerar todos los fenómenos biológicos y presentar casos de sistemas autopoiéticos que los exhiben. Más bien debe consistir en probar que la autopoiesis, o constituye todos los fenómenos biológicos, o bien es necesaria y suficiente para que se produzcan, si las debidas condiciones no determinantes están dadas.



I. NOCIONES DESCRIPTIVAS Y CAUSALES

Un sistema autopoiético es definido como unidad por su organización autopoiética. Para que esta organización se materialice en un sistema físico, se requieren componentes definidos por su papel en la autopoiesis y descriptibles solamente en relación con ella. Además, esos componentes sólo pueden concretarse en elementos materiales capaces de exhibir las propiedades necesarias en las condiciones especificadas por la organización autopoiética, y deben ser producidos en la debida relación topológica dentro del sistema autopoiético concreto que ellos integran. Por consiguiente, una organización autopoiética constituye un dominio cerrado de relaciones específicas solamente con respecto a la organización autopoiética que ellas componen, determinando así un espacio donde puede materializarse esta organización como sistema concreto, espacio cuyas dimensiones son las relaciones de producción de los componentes que lo constituyen:


i)     Relaciones constitutivas, que determinan que los componentes producidos constituyan la topología en que se materializa la autopoiesis.


ii)     Relaciones de especificidad, que determinan que los componentes producidos sean precisamente aquellos componentes definidos por su participación en la autopoiesis.


iii)    Relaciones de orden, que determinan que la concatenación de los componentes en sus relaciones de especificidad, constitutivas y de orden especificadas por la autopoiesis.


La forma en que estas relaciones de producción se concreten en un sistema material depende por supuesto, de cómo se materialice la autopoiesis. Sin embargo, hay ciertas nociones generales, aplicables a cualquier sistema autopoiético concreto, que debemos mencionar desde luego:


i)     Aunque el análisis de la constitución material de los componentes y la descripción de sus propiedades, en un campo tal de interacciones que cumplan los requisitos para su participación en un sistema autopoiético, incluiría necesariamente conceptos de energética y termodinámica, estos conceptos no entran en la caracterización del sistema autopoiético. Si los componentes pueden materializarse, la organización puede materializarse; queda implícito el cumplimiento de todas las relaciones termodinámicas y energéticas. Así, por ejemplo, en el caso concreto de la célula -que consideraremos en la sección siguiente-, las relaciones energéticas que posibilitan ciertas reacciones con participación del ATP, no son constitutivas de la organización autopoiéticas. Sin embargo, sí es constitutivo de la organización autopoiética el hecho de que determinadas moléculas tengan entre sus propiedades la posibilidad de cierta interacción, porque en el contexto de esa interacción mantienen las debidas relaciones energéticas.


ii)    Las nociones tales como especificidad y orden, son referenciales; es decir, carecen de significado fuera del contexto en que son definidas. Así, cuando hablamos de relaciones de especificidad, nos referimos a la especificación de los componentes en el contexto de aquello que define al sistema como autopoiético. Damos por subentendido cualquier otro posible factor de  especificidad, por muy necesario que sea para que los componentes sean factibles, pero que no esté definido por la organización autopoiética. Algo parecido ocurre con la noción de orden. Las relaciones de orden se refieren al establecimiento de procesos que aseguran la presencia de los componentes en la concatenación cuyo resultado es la autopoiesis. No se connota ninguna otra referencia, por concebible que sea para otros aspectos de la descripción.


iii)     Una organización autopoiética adquiere unidad topológica mediante su materialización en un sistema autopoiético concreto que conserva su identidad mientras sigue siendo autopoiético. Además, el espacio determinado por dicho sistema es completo en sí y no puede describirse usando dimensiones que definan otro aspecto. No obstante, cuando nos referimos a nuestras interacciones con un sistema autopoiético concreto, proyectamos ese sistema sobre el espacio en que efectuamos nuestras manipulaciones, y hacemos una descripción de esta proyección. Podemos hacer esto porque interactuamos con los componentes del sistema autopoiético a través de aquellas propiedades de sus elementos constitutivos que no quedan en el espacio autopoiético, y modificamos el sistema autopoiético modificando sus componentes. Pero nuestra descripción sigue al consiguiente cambio de la proyección del sistema autopoiético en el espacio que describimos, no en el espacio autopoiético.


iv)    Las nociones tales como codificación y transmisión de informaciones no entran en la determinación de un sistema autopoiético concreto, porque no constituyen en él elementos causales. Así, la noción de especificidad  no implica codificación, información ni instrucciones; solamente describe ciertas relaciones determinadas dependientes de la organización autopoiética, que dan por resultado la producción de los componentes específicos. La dimensión correcta es la de las relaciones de especificidad. Decir que el sistema, o parte de él, codifica la especificidad, no es sólo una mala designación, sino también induce a error; y esto, porque esa expresión representa la aplicación de un proceso que ocurre en el espacio de la autopoiesis a un proceso que ocurre en el espacio del diseño humano (heteropoiesis), y no una reformulación del fenómeno. La noción de codificación es una noción cognoscitiva que representa las interacciones del observador, y no un fenómeno operativo en el dominio físico. Lo  mismo rige para la noción de regulación. Esta noción es válida en el campo de descripción de la heteropoiesis, y refleja la observación y descripción simultáneas, por el diseñador (o su equivalente), de transiciones interdependientes del sistema que ocurren en un orden preestablecido y a velocidades especificadas. La dimensión correspondiente en un sistema autopoiético es la de producción de orden; pero otra vez aquí en el contexto de la autopoiesis, y no de ningún estado particular del sistema que aparezca proyectado en nuestro campo de descripciones. La noción de regulación puede, pues, entrar en la descripción, pero no constituye un elemento causal de la organización autopoiética.







2.  MATERIALIZACIÓN MOLECULAR

Que una célula es un sistema autopoiético, es trivialmente visible en su ciclo vital. Lo que no es trivial es cómo la célula es una materialización molecular de la autopoiesis. Esto es aparente al analizarla en términos de las dimensiones de su espacio autopoiético:


1)    Producción  de las relaciones constitutivas (véase lámina de p. 6).
    Las relaciones constitutivas son relaciones que determinan la topología de la organización autopoiética y, por ende, sus límites físicos. La producción de relaciones constitutivas mediante la producción de los componentes que mantienen esas relaciones, es una de las dimensiones definitorias de un sistema autopoiético. En la célula, tales relaciones constitutivas se producen por medio de la producción de moléculas (proteínas, lípidos, carbohidratos y ácidos nucleicos) que determinan la topología de las relaciones de producción en general; vale decir, de moléculas que determinan las condiciones de proximidad física necesaria para que los componentes mantengan las relaciones que los definen. La célula determina sus límites físicos mediante su dimensión de producción de las relaciones constitutivas que especifican su topología. En la célula no hay ninguna especificación de lo que ella no es.


2)    Producción de relaciones de especificidad (véase lámina de p. 6).
    Las relaciones de especificidad son relaciones que determinan la identidad (las propiedades) de los componentes de la organización autopoiética y, por lo tanto, su factibilidad material. La producción de relaciones de especificidad mediante la producción de componentes que puedan mantener esas relaciones, es otra de las dimensiones definitorias de un sistema  autopoiético. En la célula, las relaciones de especificidad se producen principalmente por medio de la producción de ácidos nucleicos y proteínas que determinan la identidad de las relaciones de producción en general. Es ostensible que en la célula esto se obtiene, por una parte, mediante relaciones de especificidad entre el ADN, el ARN y las proteínas y, por otra parte, mediante relaciones de especificidad entre las enzimas y los substratos. Tal producción de relaciones de especificidad vale solamente dentro del substrato topológico determinado por la producción de relaciones constitutivas. En la célula en cuanto sistema autopoiético, no hay     producción de relaciones de especificidad que no sean definitorias. 


3)     Producción de relaciones de orden (véase lámina de p.6).
    Las relaciones de orden son aquellas que determinan la dinámica de la organización autopoiética determinando la concatenación   de las relaciones constitutivas, de especificad y de orden y, por consiguiente, su    realización efectiva. El establecimiento de relaciones de orden mediante la producción de componentes que controlan la producción de relaciones (constitutivas, de especificidad y de orden), representa la tercera dimensión del espacio autopoiético. En la célula, estas relaciones se producen principalmente por medio de la producción de componentes (metabolitos, ácidos nucleicos y proteínas) que controlan la velocidad de producción (síntesis y transformación) de todos los componentes requeridos por la producción de relaciones constitutivas, de especificidad y de orden. Las producciones de relaciones de orden forman, pues, una trama de relaciones paralelas -constitutivas, de especificidad y de orden- que constituyen la célula, en cuanto sistema en el cual se mantiene constante la relación de producción que determina esta trama, como unidad material topológica y dinámica. No hay, por parte de la organización autopoiética de la célula, ninguna ordenación de procesos que no le pertenecen.



Si se examina la lámina, es notorio que:


El ADN entra en la especificación de los polipéptidos y, por lo tanto, de las proteínas -enzimáticas y estructurales- que intervienen específicamente en la producción de prótidos, ácidos nucleicos, lípidos, glúcidos y metabolitos. Los metabolitos (que incluyen todas las moléculas pequeñas, monoméricas o no, producidas en la célula) participan en la determinación de las velocidades de los diversos procesos y reacciones, en paralelo y secuenciales que constituyen la célula, estableciendo, ya por delimitación ya por participación constitutiva, una red de velocidades interdependientes tal, que toda reacción es  una función del estado total de la red que ellos integran. Todos los procesos ocurren ligados a una topología determinada por la participación de los mismos en las relaciones constitutivas.


Como observadores, nosotros podemos proyectar todos los procesos celulares sobre sistema de tres coordenadas ortogonales y decir legítimamente, con validez para la proyección, que la especificación es primordialmente producida por ácidos nucleicos, la constitución por proteínas y el orden (regulación) por metabolitos. Sin embargo, el espacio autopoiético es curvo y cerrado en el sentido de que es determinado enteramente por él mismo, y tal proyección representa nuestra relación cognoscitiva con él, pero no su constitución. En él la especificación tiene lugar en todos los puntos donde su organización determina un proceso específico (síntesis de proteínas, acción enzimática, permeabilidad selectiva); la ordenación tiene lugar en todos los puntos donde dos o más procesos se entrecruzan (cambios de velocidad o de sucesión, efectos aloestéricos, inhibición competitiva y no competitiva, activación, desactivación, etc.) determinados por la organización; a constitución se efectúa en todas las partes donde la organización determina relaciones de proximidad física (membranas, partículas, sitio activo de las enzimas).


Lo que hace de este sistema una unidad con identidad e individualidad, es que todas las relaciones de producción están organizadas en un todo descriptible  como sistema homeostático, que tiene su propia unicidad por variable que mantiene constante a través de la producción de sus componentes. En un sistema así, cualquier deformación en cualquier lugar no se compensa retrotrayendo el sistema a un estado idéntico en sus componentes, como el que se describiría proyectándolo sobre un espacio cartesiano tridimensional. Se compensa retrotrayéndolo a la misma organización definida como la relación entre las  relaciones de producción de relaciones constitutivas, de especificidad y de orden que es la autopoiesis. En otras palabras, es condición constitutiva de tal sistema el que toda compensación lo mantiene en el espacio autopoiético.


Hemos señalado cómo todos los rasgos biológicos de la célula en cuanto unidad son determinados por su autopoiesis. En efecto, lo único que define a la célula como unidad (como individuo) es su autopoiesis, y la única restricción impuesta a la existencia de una célula es la conservación de la autopoiesis Puede variar todo lo demás: pueden variar las relaciones de topología, de especificidad y de orden, siempre que constituyan una trama en un espacio autopoiético.




3.  ORIGEN

La producción de relaciones de constitución, de especificidad y de orden, no es privativa de los sistemas autopoiéticos: es inherente a las interacciones entre unidades en general, y a las  interacciones moleculares en particular, y depende de las propiedades de las unidades (moléculas o no) expresadas en las relaciones geométricas y energéticas que ellas adopten. Así, las propiedades geométricas de las moléculas determinan un dominio de proximidades físicas o de relaciones espaciales en que pueden entrar, o sea, las relaciones de constitución. Las propiedades químico-energéticas de las moléculas determinan las interacciones en que pueden participar y, por ende, sus relaciones de especificidad como dimensión ortogonal respecto de las relaciones constitutivas. Juntas, unas y otras determinan la sucesión y concatenación de las interacciones moleculares, o sea, las relaciones de orden. Por lo tanto, en un sistema molecular puede surgir la autopoiesis si las relaciones de producción están concatenadas de tal manera, que producen componentes que hacen del sistema una unidad que genera continuamente su carácter unitario. Esto equivale a decir que la autopoiesis surge cuando la relación que concatena dichas relaciones se produce y se mantiene constante a través de la producción de los componentes moleculares que forman el sistema mediante esta concatenación. De modo que, en general, la cuestión del origen de un sistema autopoiético es una cuestión acerca de las condiciones que deben cumplirse para el establecimiento de un  espacio autopoiético. No es, pues, un problema químico, en términos de cuáles moléculas tomaron o pueden tomar parte en el proceso, sino el problema general de qué relaciones deben satisfacer las moléculas, o cualesquiera unidades constitutivas, para generar una unidad en dicho espacio.



Comentarios:

i)    Un sistema autopoiético es definido como una unidad por y a través de su organización autopoiética, y tiene existencia topológica en el espacio en que sus componentes tienen existencia como entidades que pueden interactuar. Para los seres, vivos tal espacio es el espacio físico. Sin unidad topológica en un espacio determinado, un sistema no existe en  ese espacio y, por consiguiente, sólo puede ser un sistema en el dominio de nuestra descripción, donde su unidad se estipula conceptualmente pero carece de la dinámica de las relaciones de producción que lo constituirían como sistema operante.


ii)     El establecimiento de un sistema autopoiético no puede ser un proceso gradual: el sistema autopoiético o está ahí, o no está. En efecto, su establecimiento no puede ser un proceso gradual porque un sistema autopoiético es definido como sistema -vale decir, como unidad topológica- por su organización. Luego, una unidad topológica o está conformada por su organización autopoiética y el sistema autopoiético existe y  permanece, o bien no hay una unidad topológica, o la hay conformada de distinta manera, y no existe un sistema autopoiético, sino alguna otra casa.  En consecuencia, no hay ni puede haber sistemas intermedios. Podemos describir un sistema y hablar de él como si pudiera, con poca transformación, convertirse en sistema autopoiético, porque podemos imaginar sistemas diferentes con los cuales lo comparamos; pero un sistema así sería intermedio solamente en nuestra descripción, y en ningún sentido una organización intermedia.


iii)    Los procesos autocatalíticos no son sistemas autopoiéticos; entre otras cosas, ellos no determinan su propia topología. Su topología es determinada por un envase que es parte de la especificación del sistema pero ajeno a la operación de autocatálisis. En el espacio físico abundan los procesos de esta clase o similares. También es corriente el acoplamiento de procesos independientes para formar sistemas más extensos; éstos pueden o no ser unidades definidas por las circunstancias de su formación en un espacio dado, físico o de otra clase. Pero ellos no constituirán, ni participarán en la constitución de un sistema autopoiético, a menos que el sistema que forman llegue a definirse como unidad topológica en un espacio dado por su organización autopoiética. Una unidad se define mediante una operación de distinción: en un sistema autopoiético, la autopoiesis constituye la operación de distinción que lo define, y su origen es coincidente al establecimiento de dicha operación.


iv)     El problema del origen de los sistemas autopoiéticos tiene dos aspectos: uno se refiere a su factibilidad y el otro, a su posibilidad de aparición espontánea. Cabe formular el primer aspecto de la manera siguiente: el surgimiento de cualquier sistema depende de la presencia de los componentes que lo integran y de las clases de interacciones en que pueden entrar; luego, dados los componentes apropiados y la debida concatenación de sus interacciones, el sistema se hace real. La cuestión concreta relativa a la factibilidad de un sistema autopoiético molecular es, pues, la cuestión de las condiciones en que pueden concatenarse diversos procesos químicos para formar unidades topológicas que constituyen redes en el espacio autopoiético.  El segundo aspecto se puede enunciar así: dadas la factibilidad de los sistemas autopoiéticos y la existencia de sistemas autopoiéticos terrestres, ¿hay condiciones naturales en los que éstos pueden generarse espontáneamente? Concretando, la cuestión sería: ¿cuáles fueron o son las condiciones naturales en que surgieron o surgen espontáneamente en la Tierra componentes cuyas propiedades hacen factibles algunos sistemas autopoiéticos? Esta pregunta no puede contestarse independientemente de la forma como se responda la cuestión de la factibilidad, especialmente en lo que se refiere a la factibilidad de una o varias clases distintas de sistemas autopoiéticos moleculares. La actual presencia en la Tierra de una modalidad de organización autopoiética (el sistema ácido nucleico-proteína) no se puede interpretar en el sentido de que la cuestión de la factibilidad tiene una sola respuesta.


Las nociones que hemos comentado son válidas para el origen (la formación) de los sistemas autopoiéticos en cualquier nivel de materialización, molecular o supramolecular. No nos detendremos en las circunstancias particulares de ninguna de esas materializaciones. Dejaremos este asunto hasta aquí, y tomaremos la existencia de los sistemas vivientes como prueba existencial de la factibilidad de la organización autopoiética. Lo que consideraremos en seguida es la importancia de la unidad topológica para la diversidad de los sistemas autopoiéticos.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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