Capítulo 4: DIVERSIDAD DE LA AUTOPOIESIS. SUBORDINACIÓN A LA CONDICIÓN DE UNIDAD, PLASTICIDAD. De Máquinas Y Seres Vivos: Autopoiesis La Organización De Lo Vivo
Los sistemas vivientes son sistemas autopoiéticos. La diversidad de los sistemas vivientes es obvia. También es obvio que esta diversidad depende de la reproducción y de la evolución. Sin embargo...

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Autopoiesis.cl Sábado 30 de Mayo del año 2009 / 8:54
Los sistemas vivientes son sistemas autopoiéticos. La diversidad de los sistemas vivientes es obvia. También es obvio que esta diversidad depende de la reproducción y de la evolución. Sin embargo, la reproducción y la evolución no entran en la caracterización de la organización viva, y los sistemas vivientes son definidos como unidades por su autopoiesis. Esto es significativo porque hace que la fenomenología de los sistemas vivos dependa sólo de su condición de unidades autopoiéticas. En efecto, la reproducción requiere la existencia de una unidad que reproducir, y está necesariamente subordinada al surgimiento de tal unidad; la evolución requiere reproducción y posibilidad de cambio mediante la reproducción de lo que evoluciona, y está necesariamente subordinada al surgimiento de la reproducción. Se deduce que la evaluación correcta de la fenomenología de los sistemas vivientes, incluidas la reproducción y la evolución, requiere su comprensión como unidades autopoiéticas.



I. SUBORDINACIÓN A LA CONDICIÓN DE UNIDAD

La unidad (posibilidad de distinguirse de un fondo y, tanto, de otras unidades) es la sola condición necesaria para tener existencia en cualquier dominio dado. En efecto, la naturaleza de una unidad y el dominio en que ella existe son especificados sólo por la operación de distinción que la señala, sea ésta conceptual -cuando un observador define una unidad distinguiéndola en su campo de expresión o descripción-, sea ésta material -cuando se establece una unidad poniendo efectivamente en acción sus propiedades definitorias mediante su funcionamiento real en el espacio físico. En consecuencia, clases distintas de unidades necesariamente difieren en el dominio en que se establecen y, teniendo dominios de existencia diferentes, pueden interactuar o no, según que esos dominios se intersecten o no. La distinción de una unidad no es, pues, una noción abstracta, con validez puramente conceptual para fines descriptivos o analíticos, sino una noción operante relativa al proceso por medio del cual llega una unidad a constituirse o definirse: las condiciones que determinan una unidad definen su fenomenología. En los sistemas vivientes, estas condiciones son determinadas por su organización autopoiética. En efecto, autopoiesis implica subordinación de todo cambio en el sistema autopoiético a la mantención de su organización autopoiética y, como esta organización lo define como unidad, subordinación de toda la fenomenología del sistema a la conservación de su unidad. Esta subordinación tiene las siguientes consecuencias:


i) El surgimiento de una unidad determina el dominio de su fenomenología pero el modo como está constituida la unidad determina la clase de fenomenología que ella genera en ese dominio. De lo cual resulta que la forma particular adoptada por la fenomenología de cada unidad (biológica) autopoiética depende de la forma particular en que se concreta su autopoiesis individual, y que el dominio de cambios ontogénicos (incluida la conducta) de cada individuo es el dominio de las trayectorias homeostáticas por medio de las cuales puede él conservar su autopoiesis.


ii) Toda la fenomenología biológica es necesariamente determinada y realizada por individuos (es decir, por unidades autopoiéticas en el espacio físico), y consiste en todas las series de transformaciones que ellos pueden experimentar como sistemas homeostáticos, aisladamente o en grupos, en el proceso de mantener constantes sus relaciones definitorias individuales. Que en el proceso de sus interacciones las unidades autopoiéticas constituyan o no unidades adicionales, carece de importancia para la subordinación de la fenomenología biológica a la conservación de la identidad de los individuos. En efecto, si se produce una nueva unidad que no es autopoiética, su fenomenología -que necesariamente dependerá de su organización- será biológica o no según su dependencia respecto de la autopoiesis de sus componentes, y de acuerdo con eso dependerá o no de la mantención de esos componentes en calidad de unidades autopoiéticas.
Si la nueva unidad es autopoiética, su fenomenología es directamente biológica y obviamente depende de la conservación de su autopoiesis, la que a su vez puede depender no de la autopoiesis de sus componentes.


iii) La identidad de una unidad autopoiética se mantiene mientras ella sigue siendo autopoiética, vale decir, mientras ella, en cuanto unidad en el espacio físico, sigue siendo una unidad en el espacio autopoiético, sin que importe cuánto se transforme en otros aspectos en el proceso de mantener su autopoiesis.


iv) Solamente después que una unidad se ha constituido en unidad autopoiética, puede la reproducción (individual) tener lugar como fenómeno biológico.




2. PLASTICIDAD DE LA ONTOGENIA

La ontogenia es la historia de la transformación de una unidad. Por consiguiente, la ontogenia de un sistema vivo es la historia de la conservación de su identidad a través de su autopoiesis continuada en el espacio físico. El simple hecho de que un sistema autopoiético es un sistema dinámico hecho realidad mediante relaciones de producción que implican interacciones y transformaciones físicas concretas, implica que la ontogenia de un sistema vivo deba efectuarse en el espacio físico. Esta concepción de la ontogenia da lugar a varias consideraciones:


i) Como el modo de mantener su identidad de un sistema autopoiético depende de su modalidad particular de autopoiesis, distintas clases de sistemas autopoiéticos tienen diferentes clases de ontogenia.


ii) Como un sistema autopoiético no tiene entradas ni salidas, todos los cambios que él experimente sin perder su identidad y, por lo tanto, manteniendo sus relaciones definitorias, son necesariamente determinados por su organización homeostática. Luego, fenomenología de un sistema autopoiético necesariamente está siempre en correspondencia con las perturbaciones o deformaciones que él sufre sin perder su identidad y con el ambiente deformador en que está situado; de no ser así, se desintegraría.


ii) Como consecuencia de la naturaleza homeostática de la organización autopoiética, la forma en que la autopoiesis realiza en cualquiera unidad dada puede variar durante su ontogenia, con la sola restricción de que esto debe realizarse sin pérdida de la identidad, es decir, a través de una autopoiesis ininterrumpida.


iv) Aunque los cambios que un sistema autopoiético puede experimentar sin perder su identidad, mientras compensa las perturbaciones o las deformaciones causadas por sus interacciones, son determinados por su organiza¬ción, el orden sucesivo de tales cambios es determinado por el orden sucesivo de esas deformaciones. Dos son las fuentes de deformaciones de un sistema autopoiético percibidas por un observador: una la constituye el ambiente, con sus sucesos independientes en el sentido de que ellos no son determinados por la organización del sistema; la otra la constituye el sistema mismo, con sus estados resultantes de la compensación de deformaciones, estados que pueden ser, por su parte, deformaciones que dan origen a nuevos cambios compensatorios. En la fenomenología de la organización autopoiética, estas dos fuentes de perturbación son indiscernibles, y en todo sistema autopoiético se entrelazan para configurar una sola ontogenia. Luego, aunque en un sistema autopoiético todos los cambios son determinados internamente para un observador su ontogenia refleja en parte la historia de sus interacciones con un ambiente indepen¬diente. En consecuencia, dos sistemas autopoiéticos equivalentes en otros aspectos pueden tener ontogenias distintas.


v) Un observador que contempla un sistema autopoiético como unidad en un contexto que también observa y describe como medio circundante del sistema puede distinguir en él perturbaciones de origen interno y de origen externo, aun cuando ellas sean intrínsecamente indiscernibles para el sistema autopoiético mismo. El observador puede utilizar esta distinción para hacer afirmaciones acerca de la historia del sistema autopoiético que él observa, y usar esa historia para describir un ambiente que él infiere ser el dominio en que existe el sistema. Sin embargo, de la correspondencia observada entre la ontogenia del sistema y el ambiente que dicha ontogenia describe, o el medio circundante en que lo ve, no puede inferir una representación constitutiva de éste en la organización del sistema autopoiético. La continua correspondencia entre la conducta y el ambiente, revelada durante la ontogenia, es el resultado de la naturaleza homeostática de la organización autopoiética y no de la existencia en ella de ninguna representación del ambiente; ni es necesario en lo más mínimo que el sistema autopoiético deba obtener o desarrollar tal representación para subsistir en un ambiente cambiante. Hablar de una representación del ambiente, o del medio circundante, en la organización de un sistema, vivo puede que sea útil como metáfora, pero es inadecuado para revelar la organización de un sistema autopoiético.

vi) Los cambios compensatorios que experimenta un sistema autopoiético conservando su identidad, pueden ser de dos clases según la forma en que se realiza su autopoiesis: cambios conservadores, los cuales sólo implican compensaciones que no requieren cambios en las variables mantenidas constantes a través de sus procesos homeostáticos componentes; y cambios innovadores, que implican cambios en la calidad de esas variables. En el primer caso, las interacciones (internas o externas) causantes de las deformaciones no conducen a ninguna variación en la forma de realizarse la autopoiesis, y el sistema permanece en el mismo punto del espacio autopoiético; en cambio, en el segundo caso las interacciones conducen a una variación en el modo de realizarse la autopoiesis y, por ende, a un desplazamiento del sistema en el espacio autopoiético. En consecuencia, mientras el primer caso implica una ontogenia conservadora, el segundo implica una ontogenia que es además un proceso de especificación de una autopoiesis particular cuya determinación necesariamente depende tanto de las limitaciones organizativas del sistema como de su historia de interacciones.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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