Capítulo 4: Diversidad De La Autopoiesis. LA REPRODUCCIÓN. UNA COMPLICACIÓN DE LA UNIDAD. LA EVOLUCIÓN, UNA RED HISTÓRICA. SISTEMAS AUTOPOIÉTICOS DE MAYOR ORDEN
La reproducción requiere una unidad que se reproduzca; por esto es que la reproducción es una operación posterior al establecimiento de la unidad y no puede entrar como rasgo definitorio en la...

AutopoiesisAutopoietic systemsEvolution by Drift
Autopoiesis.cl Sábado 30 de Mayo del año 2009 / 9:02
3.  LA REPRODUCCIÓN. UNA COMPLICACIÓN DE LA UNIDAD


La reproducción requiere una unidad que se reproduzca; por esto es que la reproducción es una operación posterior al establecimiento de la unidad y no puede entrar como rasgo definitorio en la organización de los sistemas vivientes. Además, como los sistemas vivos se caracterizan por su organización autopoiética, la reproducción debe necesariamente haber surgido como una complicación de la autopoiesis y durante ella, y su origen ha de considerarse como secundario e independiente del origen de la organización viva. La dependencia de la reproducción respecto de la existencia de la unidad por reproducirse, no es un problema trivial de precedencia, sino un problema operacional en el origen del sistema reproducido y sus relaciones con el mecanismo reproductor. Por consiguiente, para entender la reproducción y sus consecuencias en los sistemas autopoiéticos, debemos analizar el operar de este proceso en relación con las autopoiesis.


i)    Hay tres fenómenos que se deben distinguir en relación con el concepto de reproducción: la replicación, la copia y la autorreproducción.


Replicación. Un sistema que genera sucesivamente unidades distintas a él pero en principio idénticas unas a otras y con una organización que el sistema determina mientras las produce, es un sistema replicador. La replicación no es, pues, otra cosa que reproducción repetitiva. Cualquier distinción entre estos procesos surge en la descripción según el énfasis que pone el observador sobre el origen de la igual organización de las unidades producidas sucesivamente y según la importancia que él asigne a esa igualdad en un dominio distinto de aquél en que se efectúa la producción. Así, aunque todas las moléculas son producidas por procesos moleculares y atómicos específicos que pueden repetirse, solamente se habla de replicación cuando se producen ciertas clases específicas de moléculas (proteínas y ácidos nucleicos) en relación con las actividades celulares. En rigor, esa denominación se refiere exclusivamente a un contexto de observación en que se estima necesaria la identidad de las moléculas producidas sucesivamente, y no a una especificidad exclusiva de esa síntesis molecular particular.


Copia. La copia tiene lugar cuando un objeto o fenómeno dado se mapea, por algún procedimiento sobre otro sistema, produciéndose en éste un objeto o fenómeno isomórfico. En la noción de copia, el énfasis se pone en el proceso de mapeo, cualquiera que éste sea, aunque esta operación la ejecute la propia unidad modelo.


Autorreproducción. La autorreproducción tiene lugar cuando una unidad produce otra con organización similar a la de ella misma, mediante un proceso acoplado al proceso de su propia producción. Es evidente que sólo los sistemas autopoiéticos pueden autorreproducirse porque ellos son los únicos que se forman por un proceso de autoproducción (autopoiesis).


ii)     Para un observador, hay reproducción en estos tres procesos, porque existe una unidad, un modelo de organización que, por medio de tres mecanismos diversos bien definidos, toma cuerpo en sistemas generados sucesivamente. No obstante, los tres procesos son intrínsecamente distintos, porque su dinámica da origen a fenomenologías diferentes. Esto es visible con especial nitidez si se considera la red de sistemas generados en condiciones de reproducción del modelo de organización encarnado sucesivamente. En la replicación y en la copia el mecanismo de reproducción es necesariamente exterior al modelo reproducido, mientras que en la autorreproducción es necesariamente idéntico a él. Además, solamente en la autocopia y en la autorreproducción pueden los cambios producidos en las unidades que materializan el modelo reproducido afectar al mecanismo reproductor. Las consecuencias de esto se tratarán en la sección siguiente, pero ahora debe quedar en claro que las interconexiones históricas establecidas por la reproducción entre unidades independientes varían según el mecanismo a través del cual se realiza la reproducción.


iii)     En los sistemas vivos terrestres actualmente conocidos, la autopoiesis y la reproducción están directamente acopladas y, por lo tanto, estos sistemas son autorreproductores. En efecto, en ellos la reproducción es un momento en la autopoiesis, y el mismo mecanismo que constituye a la una constituye a la otra. Las consecuencias de dicho acoplamiento son importantísimas: a) La autorreproducción debe tener lugar durante la autopoiesis; luego, la red de individuos así producida es necesariamente completa en sí, en el sentido de que para establecerse no requiere de otro mecanismo que la autopoiesis determinante de las unidades autoreproductoras. No sería así si la reproducción se obtuviera por copia o aplicación externa, b) La autorreproducción es una forma de autopoiesis; luego, la variación y la constancia en cada etapa reproductiva no son independientes, y ambas deben presentarse como expresiones de la autopoiesis. c) La variación de una organización autopoiética a través de la autorreproducción sólo puede surgir durante la autopoiesis como modificación de una organización autopoiética preexistente y operante; luego, la variación puede surgir solamente de perturbaciones que requieren nuevas complicaciones homeostáticas para mantener constante la autopoiesis. La historia de los sistemas autopoiéticos conectados autorreproductivamente, sólo puede ser una historia de continua complicación de la autopoiesis.

iv)     La clase de reproducción depende de la naturaleza de la unidad. Igual cosa rige en cuanto a su origen. La replicación ocurre independientemente de la autopoiesis. La copia tiene lugar solamente en la heteropoiesis, y se puede decir que ocurre en otras situaciones únicamente como descripción. La autorrelación se asocia exclusivamente con la autopoiesis, y su origen es históricamente secundario al origen de ésta. La razón de este vínculo se tratará en la sección siguiente.


v)     Las nociones como codificación, mensajes o información, no son aplica¬bles al fenómeno de la autorreproducción; su empleo en la descripción de este fenómeno constituye una tentativa de representado en el lenguaje del diseño heteropoiético. En efecto, las nociones de codificación, mensaje y transmisión de información son aplicables solamente a situaciones de reducción de incertidumbre en interacciones comunicativas entre unidades independientes, en condiciones en que el mensajero no participa como componente. Los ácidos nucleicos son componentes constitutivos en el proceso de la autopoiesis y no enlaces arbitrarios en interacciones entre entidades interdependientes En la autorreproducción no hay transmisión de información entre entidades independientes; las unidades reproductoras y las reproducidas son entidades topológicamente independientes, producidas por medio de un proceso únicamente de autopoiesis en el cual todos los componentes participan constitutivamente.



4. LA EVOLUCIÓN, UNA RED HISTÓRICA

Un fenómeno histórico es un proceso de cambios en el cual cada uno de los estados sucesivos de un sistema cambiante surge como modificación de un estado previo en una transformación causal, y no de novo como hecho independiente. Por consiguiente, la noción de historia se puede usar, o para referirse a los antecedentes de un fenómeno dado como la sucesión de hechos que le dan origen, o bien para caracterizarlo como proceso. Se sigue que, por darse una explicación siempre en presente como reformulación del fenómeno por explicar en el dominio de las interacciones de sus elementos componentes (o de elementos isomórficos), la historia de un fenómeno como descripción de sus antecedentes no puede contribuir a explicarlo, porque los antecedentes no son componentes del fenómeno que preceden o generan. A la inversa, dado que la historia en cuanto fenómeno ha de explicarse en presente como red causal de hechos concatenados secuencialmente, en la cual cada hecho es un estado de la red que aparece por transformación del estado anterior, se infiere que la historia, aunque no contribuya a explicar ningún fenómeno, puede permitirle a un observador explicar el origen de un fenómeno como estado dentro de una red (histórica) causal, porque él tiene acceso observacional (o descriptivo) independiente a los distintos estados del proceso histórico. Es en este contexto donde se debe considerar la fenomenología de los sistemas autopoiéticos, cuando se los examina en referencia a la evolución. La evolución biológica es un fenómeno histórico y, como tal, debe explicarse en presente, reformulándola como red histórica que se constituye a través de las interacciones causales de hechos biológicos acoplados o independientes. Además, los hechos biológicos dependen de la autopoiesis de los sistemas vivientes; en consecuencia, nuestro objetivo es aquí comprender, cómo es que la evolución queda definida como proceso histórico por la autopoiesis de las unidades biológicas.


i)    Si con el término evolución nos referimos a lo que ha tenido lugar en la historia de transformaciones de los sistemas vivir terrestres, la evolución en cuanto proceso es la historia del cambio de un modelo de organización materializado en unidades independientes, generadas secuencialmente a través de etapas autorreproductivas, en las cuales la organización definitoria particular de cada unidad aparece como modificación de la anterior, que constituyen así su antecedentes secuencial e histórico. Por lo tanto, la evolución requiere reproducción secuencial y cambio en cada etapa reproductiva. Sin reproducción secuencial -proceso reproductivo en que la organización definitoria de cada unidad de la serie constituye el antecedente para la organización definitoria de la siguiente-, no hay historia: sin cambio en cada etapa reproductiva de la serie, no hay evolución. En contraste, las transformaciones sucesivas de una unidad sin cambio de identidad constituyen su ontogenia, o sea, su historia individual si es una unidad autopoiética.


ii)     La reproducción, por replicación o por copia, de un solo modelo invariante implica un desacoplamiento intrínseco entre la organización de las unidades producidas y el mecanismo que las produce. Como consecuencia, cualquier cambio en el modelo de organización reproducido -y materializado en las unidades producidas sucesivamente mediante replicación o copia de un solo modelo- solamente puede reflejar las ontogenias de los sistemas reproductores o las distintas ontogenias de las unidades mismas. El resultado es que, en estos casos de reproducción no secuencial, un cambio en la organización de una unidad en ninguna circunstancia afecta a la organización de las otras todavía por producir. Por tanto, independien¬temente de que sean autopoiéticas o no, estas unidades no constituyen una red histórica, y no se produce ninguna evolución; la colección de unidades así producidas forman una colección de ontogenias independientes. Lo contrario rige en la reproducción secuencial, ya ocurra ésta en sistemas autorreproductores que alcanzan la reproducción a través de la autopoiesis, o en aquellos sistemas copiadores en los cuales cada nueva unidad producida es el modelo para la siguiente. En estos casos, hay aspectos de la organización definitoria de cada unidad que determinan la organización de la siguiente mediante su acoplamiento directo con el proceso reproductivo, que así queda subordinado a ellos. En consecuencia, los cambios en estos aspectos de la organización de las unidades generadas secuencialmente, que ocurren ya sea durante su propia ontogenia o en el proceso de su generación, llevan necesariamente a la producción de una red histórica en que las unidades producidas inevitablemente encarnan de manera sucesiva un modelo cambiante de organización en el cual cada estado surge como modificación del anterior. En general, pues, la reproducción secuencial necesariamente conduce a la evolución, y en particular en los sistemas autopoiéticos, la evolución es una consecuencia de la autorreproducción.


iii)     La ontogenia y la evolución son fenómenos totalmente distintos, tanto en su operar como en sus consecuencias. En la ontogenia, como  historia de la transformación de una unidad, la identidad de la unidad -cualquiera sea el espacio en que exista- no se interrumpe jamás. En la evolución, como proceso de cambio histórico, hay una sucesión de identidades generadas por reproducción secuencial que forman una red histórica, y lo que varía (evoluciona) -el modelo organizativo de las unidades generadas sucesivamente- existe en un dominio diferente del de las unidades que lo encarnan. Una colección de ontogenias sucesivas en cuyas organi¬zaciones puede un observador ver relaciones de cambio constantes pero no generadas por reproducción secuencial, no constituye un sistema  evolutivo, ni aunque reflejen la transformación  continua (ontogenia) del sistema que las produjo. Es impropio hablar de evolución en la historia de cambios de una sola unidad, en cualquier espacio en que exista: las unidades sólo tienen ontogenia. Luego, es impropio hablar de evolución del universo o de evolución química de la Tierra; se debería hablar de ontogenia del universo, o de historia química de la Tierra. Asimismo, hay  evolución biológica solamente cuando hay reproducción secuencial de los sistemas vivos; si antes de eso hubo sistemas autopoiéticos no reproductores, ellos no evolucionaron, y sólo hubo la historia de sus distintas ontogenias.


iv)    La selección, en cuanto proceso en una población de unidades, es un proceso de realización diferencial de ellas en un contexto que determina las organizaciones unitarias que pueden realizarse. En una población de unidades autopoiéticas, la selección es un proceso de realización diferencial de la autopoiesis y, por lo tanto, si las unidades autopoiéticas son autorreproductoras, la selección es un proceso de autorreproducción diferencial. Por consiguiente, si en cada etapa reproductiva existen reproducción secuencial y posibilidad de cambio, la selección puede hacer, de la transformación del modelo organizativo reproducible encarnado en cada unidad sucesiva, una función recursiva del dominio de interacciones especificado por esa misma unidad autopoiética. Si todo sistema autopoiético que se concreta es necesariamente adaptado al dominio en que existe, y si la adaptación es el requisito para que cualquier sistema autopoiético pueda realizarse, la evolución tiene lugar solamente como proceso de continua adaptación de las unidades que encarnan al modelo organizativo en evolución. Por consiguiente, sistemas evolutivos distintos diferirán no  en cuanto a ser más o menos adaptados, sino sólo en cuanto al dominio en que se hace realidad el modelo organizativo en evolución y, por ende, en que se efectúa la selección. Luego, en los sistemas vivientes autorreproductores que conservan su identidad en el espacio físico (mientras su organización autopoiética homeostática es compatible con las limitaciones del ambiente en que ellos existen), la evolución es necesariamente un proceso de adaptación continuada, porque solamente se reproducen, de entre estos sistemas, aquéllos cuya autopoiesis puede realizarse, sin que importe cuánto varíe en otros respectos, en cada etapa reproductiva, la forma de concretarse de su autopoiesis.


v)     Para que la evolución tenga lugar como verdadera historia de cambios de un modelo organizativo mediante su materialización en unidades generadas sucesivamente, la reproducción debe permitir que cambie la organi¬zación reproducida secuencialmente. En los sistemas vivos actuales, la reproducción se efectúa como modificación de la autopoiesis, y está ligada a ella. Esto era de esperar. Es probable que inicialmente se formaran muchas clases de unidades autopoiéticas que competían entre ellas por los precursores. Si una clase de ellas tenía alguna posibilidad de autorreproducción, es evidente que de inmediato desplazaba,    por selección, a las otras formas no reproductoras. Este proceso no necesita ser complejo; por ejemplo, en un sistema con autopoiesis distribuida (como se obtiene en la duplicación del ADN bacteriano), la fragmentación mecánica es una forma de autorreproducción. La evolución mediante selección podría haber aparecido por la selección preferencial de aquellos rasgos de las unidades autopoiéticas que facilitaban su fragmentación (y por lo tanto, la regulari¬dad y frecuencia de la autorreproducción) hasta el punto de hacerla independiente de fuerzas accidentales externas. Una vez que en un sistema autopoiético tiene lugar el proceso autorreproductor más simple, la evo¬lución está en marcha y la autorreproducción puede iniciar una historia de cambios, con el consiguiente desplazamiento total (por selección natural) de cualesquiera unidades autopoiéticas no autorreproductoras coexisten¬tes. De ahí la vinculación entre autopoiesis y reproducción, en los sistemas vivientes terrestres. Por supuesto, no es posible decir ahora qué ocurrió realmente al comienzo de la evolución biológica, pero ello no parece presentar una dificultad conceptual insuperable. El hecho es que, en los sistemas vivientes de hoy, la reproducción está decisivamente ligada a los ácidos nucleicos y a su papel en la especificación de proteínas. Esto no podría ser así si la asociación ácidos nucleicos-proteínas y variación no fuese una condición constitutiva inicial de los sistemas autopoiéticos. En efecto, sólo cambios innovadores, es decir, cambios no compensados que modifican el modo de realización de la autopoiesis sin interrumpirla (como cambios estructurales del ADN de organismos actuales), permiten la generación por autorreproducción de unidades reproductivamente conectadas en un proceso evolutivo. No sabemos si hubo en la historia de los sistemas vivos terrestres otros modos de organización autopoiética y otras fuentes de variación distintos del sistema ácidos nucleicos proteínas. En cualquier caso, una vez que la autorreproducción aparece en la autopoiesis, toda perturbación innovadora resulta, necesariamente, en la generación de linajes de organismos con nuevas propiedades susceptibles de selección; por lo tanto, toda perturbación innovadora constituye una fuente de variación genética en la dinámica evolutiva. En consecuencia, la fenomenología de la evolución biológica depende de dos procesos: reproducción y variación. Uno se refiere a las formas posibles de complicación de la autopoiesis, el otro, a los mecanismos de introducción de perturbaciones innovadoras en la autopoiesis. Ambos sufren transformaciones históricas que, aunque acopladas, no son equivalentes.


vi)     De los dos mecanismos posibles capaces de dar origen a la reproducción  secuencial, el único accesible a los sistemas autopoiéticos, en ausencia de un mecanismo copiador independiente, es la autorreproducción, debido a la coincidencia entre el mecanismo reproductor y el de constitución de la unidad. Actualmente, el proceso de copia sólo se efectúa asociado con el  funcionamiento de los sistemas vivos, en particular en el aprendizaje cultural; la evolución cultural tiene lugar mediante copia secuencia de un modelo cambiante, en el proceso de adoctrinamiento social, generación tras generación.


vii)    Una especie es una población, o colección de poblaciones, de individuos interconectados reproductivamente que, de esta manera, son nodos en una  red histórica. Genéticamente, esos individuos comparten un patrimonio común de genes, es decir, un modelo esencialmente equivalente de organización autopoiética en transformación histórica. Históricamente, una especie surge cuando una red reproductiva de este tipo da origen a otra red reproductiva como rama que, precisamente por constituirse en red histórica independiente (reproductivamente separada), tiene otra historia. Se dice que lo que evoluciona es la especie, y que los individuos están, en su existencia histórica, subordinados a esa evolución. En un sentido descriptivo superficial, esto es aceptable, porque una especie dada, como colección existente de individuos, representa continuamente el estado de una determinada red histórica en su proceso de devenir y, al describirla como estado de una red histórica, una especie aparece necesariamente en proceso de transformación. No obstante, la especie sólo existe como unidad en el dominio histórico, mientras que los individuos que constituyen los nodos de la red histórica existen en el espacio físico. En rigor, por lo tanto en la medida en que una red reproductiva queda definida como red histórica por todos y cada uno de los individuos que constituyen sus nodos en su devenir histórico, la especie como conjunto observable de nodos cotemporales de la red reproductiva, no evoluciona, sólo tiene historia de cambios. Lo que evoluciona es un modelo de organización autopoiética materializado en muchas variantes particulares, en una colección de individuos transitorios que juntos definen una red histórica reproductiva. Los individuos son, pues, indispensables, porque representan la única existencia física de la trama que ellos definen. La especie tiene un carácter puramente descriptivo y, aunque representa un fenómeno histórico, no constituye un componente causal en la fenomenología evolutiva.




5. SISTEMAS AUTOPOIÉTICOS DE MAYOR ORDEN

Cada vez que el comportamiento de una o más unidades es tal que hay un dominio en que la conducta de cada una es función de la conducta de las demás, se dice que ellas están acopladas en ese dominio. El acoplamiento surge como resultado de las modificaciones mutuas que las unidades interactuantes sufren, sin perder su identidad, en el transcurso de sus interacciones. Si durante la interacción se pierde la identidad de las unidades interactuantes, puede resultar de ello la generación de una nueva unidad, pero no se verifica acoplamiento. En general, sin embargo, el acoplamiento también puede conducir a la gene¬ración de una nueva unidad, en un dominio que puede ser distinto de aquél en que las unidades componentes (acopladas) conservan su identidad. La forma en que esto tiene lugar, como asimismo el dominio en que se constituye la nueva unidad, depende de las propiedades de las unidades componentes. En los sistemas vivos, el acoplamiento es un suceso frecuente; los comentarios que siguen están destinados a demostrar que la naturaleza de su acoplamiento la determina su organización autopoiética.


i)    Los sistemas autopoiéticos pueden interactuar entre sí, sin perder su identidad, mientras sus respectivas modalidades de autopoiesis constituyan fuentes de perturbaciones mutuas compensables. Más aún, debido a su organización homeostática, los sistemas autopoiéticos pueden acoplarse de manera que sus respectivas autopoiesis se especifiquen durante el acoplamiento dentro de márgenes de tolerancia y variación determinados durante el acoplamiento. El resultado es una unidad en que el modo acoplamiento de sus componentes cambia durante su historia. Estas consideraciones también rigen para el acoplamiento de unidades autopoiéticas y no autopoiéticas, con las correcciones obvias en cuanto  a conservación de su identidad por las segundas. En general, pues, el acoplamiento de sistemas autopoiéticos con otras unidades, autopoiéticas o no, se realiza mediante su autopoiesis. Que el acoplamiento puede facilitar la autopoiesis, no necesita discutirse más; y que esta facilitación puede tener lugar mediante la forma particular en que se realiza la autopoiesis de las unidades acopladas, ya se ha dicho. Se infiere que es posible la selección para el acoplamiento, y que por medio de la evolución bajo presión selectiva para acoplarse, puede desarrollarse (evolucionar) un sistema compuesto en que la autopoiesis individual de cada uno de sus componentes autopoiéticos está supeditada a un ambiente determinado por la autopoiesis de todos los integrantes autopoiéticos de la unidad compuesta. Tal sistema compuesto será necesariamente definido como unidad por las relaciones de acoplamiento de los sistemas autopoiéticos que lo integran, en un espacio especificado por la naturaleza del acoplamiento, y seguirá siendo una unidad mientras los sistemas componentes conserven la autopoiesis que les permite entrar en esas relaciones de acoplamiento.
    Un sistema generado por el acoplamiento de varias unidades autopoiéticas puede, a primera vista, parecer autopoiético en la medida en que mantiene constante su organización a través de la actividad autopoiética de sus componentes. Sin embargo, si tal sistema no queda constituido como unidad en el espacio en que se lo señala por componentes que generan los mismos procesos de producción que los producen, sino que por otros, procesos o relaciones concatenados de otra manera, el sistema no es autopoiético en dicho espacio, y el observador yerra porque la aparente autopoiesis del sistema es incidental a la autopoiesis de sus componentes. Por el contrario, un sistema generado por el acoplamiento de unidades autopoiéticas y constituido como unidad en un espacio determinado por componentes producidos en dicho espacio por procesos de producción que ellos mismos generan, es un sistema autopoiético en dicho espacio, independientemente de que estos componentes coincidan o no con las unidades autopoiéticas que los generan en su acoplamiento. Un sistema autopoiético cuya autopoiesis implica la autopoiesis de las unidades autopoiéticas que lo generan, es un sistema autopoiético de orden superior.
    Si tal sistema es autopoiético en el espacio físico, es un sistema vivo.
    En general, el reconocimiento efectivo de un sistema autopoiético ofrece dificultades cognoscitivas que tienen que ver con la capacidad del obser¬vador para reconocer las relaciones que definen al sistema como unidad, y con su capacidad para distinguir los bordes que lo limitan en el espacio en que se da, cualquiera que éste sea. Más aún, para señalar un sistema autopoiético es condición necesaria que el observador realice una operación de distinción que defina los límites del sistema en el mismo espacio (dominio fenomenológico) en que éste queda constituido como unidad. Si el observador no puede realizar tal operación de distinción, no puede observar al sistema autopoiético aunque pueda concebirlo. Así, por ejem¬plo, actualmente el reconocimiento de una célula como unidad autopoiética en el espacio físico no ofrece ninguna dificultad, porque no sólo podemos identificar su organización autopoiética al nivel bioquímico, sino que también podemos interactuar con ella visual, mecánica y químicamen¬te en la interfase que ella define con su autopoiesis en dicho espacio. Con otros sistemas no pasa lo mismo. Así, por ejemplo, aún no sabemos si hay un espacio social en que una sociedad constituya una unidad autopoiética, ni cuáles serían sus componentes en dicho espacio, aunque sabemos que toda sociedad tiene mecanismos de automatización. En síntesis, las dificultades de un observador para señalar un sistema autopoiético pueden ser de dos tipos: a) Por una parte el observador puede tratar al sistema como unidad haciendo una operación de distinción en un espacio o dominio fenolomenológico distinto de aquél en que el sistema es autopoiético, si no reconoce adecuadamente sus componentes ni las relaciones de producción que ellos generan; en este caso el observador no reconoce las relaciones topológicas que definen al sistema como unidad, b) Por otra parte, el observador, debido a su propia estructura cognoscitiva (modo particular de autopoiesis) puede ser incapaz de interactuar en el espacio en que el sistema es autopoiético y, por lo tanto, incapaz de observarlo por no poder generar las dimensiones perceptuales adecuadas. En el primer caso, el observador hace una operación de distinción que no señala un sistema autopoiético sino que señala una unidad diferente con la cual opera; en el segundo caso ninguna operación de distinción es posible y el observador al no poder señalar ningún sistema, no tiene sistema con que operar. En ambos casos la fenomenología del sistema autopoiético es un inobservable. Por el contrario, si el sistema es identificado conceptualmente, aunque su unidad no sea un observable, es posible inducir su fenomenología al reconocer su organización.


ii)     Un sistema autopoiético puede llegar a ser componente de otro sistema, si algún aspecto de su trayectoria de cambios autopoiética puede participar en la realización de ese otro sistema. Como se dijo, esto puede ocurrir en el presente, por medio de un acoplamiento que se valga de los recursos, homeostáticos de los sistemas interactuantes; o a través de la evolución, mediante el efecto recurrente de una presión selectiva constante sobre el proceso de transformación de una red histórica reproductiva, lo cual da por resultado una subordinación de las autopoiesis individuales componentes (por medio de cambio histórico en la modalidad de éstas) al ambiente de perturbaciones mutuas especificado por ellas. Sea como fuere, un observador puede describir un integrante autopoiético de un sistema compuesto como representando un papel alopoiético en la realización del sistema más grande que ese componente contribuye a realizar con su autopoiesis. En otras palabras, en el contexto del sistema compuesto la unidad autopoiética opera de un modo que el observador describiría como alopoiético. Esta función alopoiética es, empero, exclusivamente un rasgo de la descripción, y pertenece a un marco de referencia establecido por el observador. Como lo describimos en el Capítulo I hay máquinas alopoiéticas, cuya organización es intrínsecamente distinta de la de las máquinas autopoiéticas que, sin hacer referencia a su función, pueden describirse señalando que el producto de su operar es diferente de ellas mismas. En consecuencia, cuando se describe un sistema autopoiético como jugando un papel alopoiético en su calidad de componente de un sistema más amplio, la descripción se refiere solamente a su participación en la producción de relaciones que adoptan la forma propia de un sistema alopoiético, pero no hay implicado nada acerca de función, la cual sólo corresponde en el dominio heteropoiético del diseño humano.

iii)     Si las autopoiesis de las unidades integrantes de un sistema autopoiético compuesto configuran papeles alopoiéticos que definen un espacio autopoiético mediante la producción de relaciones constitutivas, de especificidad y de orden, el nuevo sistema pasa a ser una unidad autopoiética de segundo orden. Esto ocurrió efectivamente en la Tierra, con la evolución de las células para convertirse en metazoos. En estos casos, los sistemas autopoiéticos componentes pasan necesariamente a quedar subordinados, en cuanto al modo de realizar su propia autopoiesis, a la conservación de la autopoiesis de la unidad autopoiética de orden superior que ellos, mediante su acoplamiento, definen topológicamente en el espacio físico. Si el sistema autopoiético de orden superior experimenta autorreproducción (por autorreproducción de una de sus unidades autopoiéticas integrantes, o por otro medio), se inicia un proceso evolutivo en el cual la evolución del modelo organizativo de los sistemas autopoiéticos componentes está necesariamente subordinada a la evolución del modelo organizativo, de la unidad compuesta. Más aún, es previsible que, dadas las circunstancias apropiadas, las unidades autopoiéticos de orden superior se formarán por selección. En efecto, si el acoplamiento surge como una manera de satisfacer la autopoiesis, una unidad de segundo orden formada a partir de sistemas autopoiéticos anteriores, será más estable mientras más estable sea el acoplamiento. Sin embargo, la condición más estable de todas para el acoplamiento se presenta si la organización de la unidad se acopla precisamente para mantener esa organización, vale decir, si la unidad se torna autopoiética. Hay, pues, una presión selectiva siempre presente para la constitución de sistemas autopoiéticos de orden superior a base del acoplamiento de unidades autopoiéticas de orden inferior, que en la Tierra es visible en el origen de los organismos multicelulares y, tal vez, en el origen de la célula misma. Parece que la única limitación proceso de formación de unidades autopoiéticas de orden superior es la impuesta por las condiciones en que una unidad puede definirse en un espacio determinado.


» Indice del Libro: De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, La Organización de lo vivo.



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