Capítulo 5: PRESENCIA DE LA AUTOPOIESIS. IMPLICACIONES BIOLÓGICAS. IMPLICACIONES EPISTEMOLÓGICAS. IMPLICACIONES GNOSEOLÓGICAS. De Máquinas Y Seres Vivos
La autopoiesis es necesaria y suficiente para caracterizar la organización de los sistemas vivos. La reproducción y la evolución, tal como se observan en los sistemas vivientes...

AutopoiesisBiology of CognitionEpistemology
Autopoiesis.cl Sábado 30 de Mayo del año 2009 / 9:10
La autopoiesis es necesaria y suficiente para caracterizar la organización de los sistemas vivos. La reproducción y la evolución, tal como se observan en los sistemas vivientes -y todos los fenómenos derivados de ellas- surgen como procesos secundarios, subordinados a la existencia y al funcionamiento de las unidades autopoiéticas. Por lo tanto, la fenomenología biológica es la fenomenología de los sistemas autopoiéticos, y un fenómeno es fenómeno biológico solamente en la medida en que depende de un modo u otro, de la autopoiesis de una o más unidades autopoiéticas.



I. IMPLICACIONES BIOLÓGICAS
Un sistema viviente es tal porque es un sistema autopoiético, y es una unidad en el espacio físico porque es definido como unidad en ese espacio por medio y a través de su autopoiesis. Por consiguiente, toda transformación que un sistema vivo experimente conservando su identidad, debe tener lugar de una manera determinada por su autopoiesis definitoria y subordinarse a ella; luego, en un sistema viviente la pérdida de su autopoiesis es su desintegración como unidad y la pérdida de su identidad, vale decir, muerte.


i) El espacio físico está definido por componentes que pueden determinarse mediante las operaciones que los caracterizan en términos de propiedades -tales como masa, fuerza, aceleración, distancia, campo, etc.- propiedades a su vez quedan definidas por las interacciones de los componentes que ellas caracterizan En el espacio físico pueden tener lugar dos clases de fenomenología, según cómo participen los componentes en su generación, a saber: estática mecanística. La fenomenología estática es una fenomenología de relaciones entre propiedades de los componentes; la fenomenología mecanística es una fenomenología de relaciones entre procesos generados por las propiedades de los componentes. ¿Cómo hay que caracterizar la fenomenología biológica, que es la fenomenología de que los sistemas autopoiéticos y, como tal, tiene lugar en el espacio físico? Por definirse la organización autopoiética en términos de relaciones entre procesos, como concatenación de procesos de producción de componentes que determinan los procesos que los producen y una unidad en el espacio físico, los fenómenos biológicos son necesariamente fenómenos de rela¬ciones entre procesos que satisfacen la autopoiesis de los sistemas autopoiéticos participantes. En consecuencia, un fenómeno biológico no se define en ninguna circunstancia por las propiedades de los elementos que participan en él, sino que siempre es definido y constituido por una concatenación de procesos en relaciones subordinadas a la autopoiesis de por lo menos un sistema vivo.
Así, el choque accidental de dos animales que van corriendo no es, como encuentro material entre sistemas vivos, un fenómeno biológico, aun cuando tenga consecuencias biológicas; pero sí lo es el contacto corporal de dos animales en cortejo. Luego, aunque los fenómenos biológicos y los fenómenos estáticos son fenómenos físicos porque ambos se realizan a través de las propiedades de los componentes, hay una diferencia funda¬mental, por cuanto los fenómenos estáticos son (como ya se definiera) fenómenos de relaciones entre propiedades de los componentes, mientras que los fenómenos biológicos son fenómenos de relaciones entre procesos. Por lo tanto, en su calidad de fenómenos de relaciones entre procesos, los fenómenos biológicos son fenómenos mecanísticos, pero una clase particular, porque las relaciones entre sus procesos constitutivos son determinadas por la participación autopoiética. La fenomenología de los sistemas vivos es, pues, la fenomenología mecanística de las máquinas autopoiéticas.


ii) Como la fenomenología mecanística de las máquinas autopoiéticas, la fenomenología biológica es perfectamente definida y, por ende, susceptible de tratamiento teórico mediante la teoría de la autopoiesis. En conse¬cuencia, dicha teoría en una forma matemática será una teoría de la concatenación de los procesos de producción que constituyen los sistemas autopoiéticos, y no una teoría de las propiedades de los componentes de los sistemas vivos. Una biología teórica es posible como teoría de la fenomenología biológica así definida, y como aplicación de nociones físicas o químicas -que pertenecen a otro dominio fenomenológico- al análisis de los fenómenos biológicos. En efecto, ya debiera ser obvio que toda tentativa de explicar un fenómeno biológico en términos estáticos o mecanismos no autopoiéticos, sería una tentativa de reformularlo en términos de relaciones entre propiedades de componentes o de relaciones entre procesos que no producen una unidad autopoiética en el espacio físico que, necesariamente, no conseguiría reformularlo. Como un fenómeno biológico tiene lugar mediante el funcionamiento de los componentes, siempre es posible abstraer de él procesos componentes que pueden describirse adecuadamente, ya sea en términos estáticos, ya en términos mecanísticos no autopoiéticos, porque, en su calidad de procesos parciales corresponden de hecho a fenómenos estáticos o mecanísticos. En tal caso todo nexo entre los procesos estáticos o mecanísticos no autopoiéticos y el fenómeno biológico integrado por ellos, lo proporciona el observador que los mira a ambos simultáneamente; el fenómeno biológico, sin embargo, no queda representado en estas explicaciones que, necesariamente, siguen siendo intentos de reformulación en un dominio fenomenológico no autopoiético. Una explicación biológica debe ser una reformulación en términos de procesos subordinados a la autopoiesis de los organismos participantes, o sea, una reformulación en el dominio fenomenológico biológico.


iii) Una teoría acertada de los fenómenos biológicos posibilita el análisis de la dinámica de los componentes materiales de un sistema, para determinar si ellos pueden o no participar en los procesos que integran un fenómeno biológico. En efecto, por mucho que creamos entender ahora los problemas biológicos, es evidente que sin una teoría adecuada de la autopoiesis no será posible responder preguntas tales como: Dado un sistema dinámico, ¿qué relaciones debo observar entre sus componentes materiales, para determinar si ellos participan o no en los procesos que hacen de él un sistema viviente? o bien: Dado un conjunto de componentes con propiedades bien definidas, ¿en qué procesos de producción pueden ellos participar de tal modo que puedan concatenarse para formar un sistema autopoiético? La respuesta a estas preguntas es esencial, si uno quiere resolver el problema del origen de los sistemas vivientes sobre la Tierra. Las mismas preguntas deben contestarse si uno quiere diseñar un sistema vivo. En particular, debiera ser posible determinar, a partir de conside¬raciones teóricas biológicas, qué relaciones debe satisfacer cualquier conjunto de componentes, para que éstos participen en procesos que constituyen una unidad autopoiética. Por supuesto, el que uno desee o no hacer un sistema autopoiético es una cuestión que pertenece al dominio ético. No obstante, si nuestra caracterización de los sistemas vivos es adecuada, claro está que ellos podrían fabricarse a voluntad. Lo que queda por ver es si el hombre ha fabricado ya, o no, uno de esos sistemas -aunque sin saberlo-, y con qué consecuencias.


iv) La caracterización de los sistemas vivientes como sistemas autopoiéticos debe entenderse dotada de validez universal; es decir, la autopoiesis debe considerarse como definitoria de los sistemas vivos en cualquier parte del universo físico, por muy diferentes que sean a los sistemas terrestres en otros respectos. Esto no debe entenderse como una limitación de nuestra imaginación, ni una negación de que puedan existir sistemas complejos aún no imaginados. Es una afirmación acerca de la naturaleza de fenomenología biológica: la fenomenología biológica no es ni más ni menos que la fenomenología de los sistemas autopoiéticos en espacio físico.




2. IMPLICACIONES EPISTEMOLÓGICAS


i) La cuestión epistemológica fundamental en el campo de los problemas biológicos es la referente a la validez de las afirmaciones hechas acerca de los sistemas biológicos. Es obvio hoy día que las afirmaciones científicas acerca del universo adquieren su validez a través de lo efectivo de su aplicación en el dominio en que pretenden ser válidas. Sin embargo, cualquier observación -aun la que permite reconocer la validez efectiva de una afirmación científica- implica una epistemología, un cuerpo de nociones conceptuales explícitas o implícitas que determina la perspectiva de la observación y, por lo tanto, qué se puede y qué no se puede observar, qué es y qué no es validable por la experiencia, qué es y qué no es explicable mediante un conjunto dado de conceptos teóricos. Que éste ha sido un problema básico para el tratamiento conceptual y experimental de los fenómenos biológicos, es claro en la historia de la biología, que revela una búsqueda continua de una definición de la fenomenología biológica que permita su explicación total por medio de nociones bien precisa y, en consecuencia, su plena validación en el dominio observacional. En este sentido, las nociones evolutivas y genéticas han sido hasta ahora las de más éxito. Empero, aunque estas nociones ofrecen un mecanismo para el cambio histórico, por sí solas son insuficientes porque no definen adecuadamente el campo de la fenomenología biológica. En efecto, las ideas evolutivas y genéticas al enfatizar el cambio, tratan a la especie como fuente de todo el orden biológico, señalando que la especie evoluciona, mientras los individuos son componentes transitorios cuya organización está subordinada a su fenomenología histórica. No obstante, por ser la especie en todo momento, concretamente, una colección de individuos en principio capaces de cruzamiento reproductivo, resulta que lo que definiría la organización de los individuos es, o una abstracción, o algo que requiere la existencia de individuos bien definidos con que empezar. ¿De dónde proviene la organización del individuo, cuál es el mecanismo que la determina? Esta dificultad no puede resolverse a base de argumentos puramente evolutivos y genéticos; es evidente (incluso para los evolucionistas y genetistas), que un intento de superarla recurriendo a otras nociones explicativas está destinada al fracaso si no proporcionan un mecanismo para explicar la fenomenología del individuo. Tal es el caso cuando se introduce alguna forma de preformismo, aplicando nociones de información a nivel molecular (ácidos nucleicos o proteínas), o cuando se utilizan nociones organísmicas, que enfatizan el carácter organizados de los sistemas vivientes pero no suministran un mecanismo para la definición del individuo y, así, presuponen la validez de la noción que quieren explicar.
De todo lo dicho es claro que la clave para comprender la fenomenología biológica es entender la organización del individuo. Nosotros hemos demostrado que esta organización es la organización autopoiética. Además, hemos demostrado que esta organización y su origen son plenamente explicables a base de nociones puramente mecanísticas, válida para cualquier fenómeno en el espacio físico, y que una vez establecida, la organización autopoiética determina, en el dominio de la fenomenología mecanística, un subdominio fenomenológico independiente: el dominio de los fenómenos biológicos. Como resultado, el dominio biológico queda totalmente definido como un dominio autocontenido; no son necesarias otras nociones adicionales, y cualquier explicación biológica adecuada tiene la misma validez epistemológica que cualquier explicación mecanística de cualquier otro fenómeno en el espacio físico.


ii) Un dominio fenomenológico es definido por las propiedades de la unidad o las unidades que lo constituyen, singular o colectivamente, por medio de sus transformaciones o interacciones. Luego, cada vez que se define una unidad o que se establecen una o más clases de unidades capaces de experimentar transformaciones o interacciones, se define un dominio fenomenológico. Dos dominios fenomenológicos se intersectan solamente en la medida en que poseen unidades generadoras comunes, vale decir, solamente en la medida en que interactúan las unidades que los determinan; de lo contrario, son completamente independientes y, evidentemente, no pueden generarse el uno al otro sin transgredir los dominios de relaciones de sus especificaciones respectivas. En cambio, un dominio fenomenológico puede generar unidades que determinan un dominio fenomenológico distinto; pero ese dominio es especificado por las propiedades de las nuevas unidades distintas, y no por la fenomenología que las genera. De no ser así, las nuevas unidades no serían en realidad unidades diferentes, sino que serían de la misma clase de las unidades que originan el dominio fenomenológico previo y generarían un dominio fenomenológico idéntico a él. Los sistemas autopoiéticos generan dominios fenomenológicos distintos al dar origen a unidades cuyas propiedades son diferentes de las propiedades de las unidades progenitoras. Estos nuevos dominios fenomenológicos están subordinados a la fenomenología de las unidades autopoiéticas, porque dependen de éstas para su realización efectiva, pero no son determinados por ellas; son determinados por las propiedades de las unidades que efectivamente les dan origen. Un dominio fenomenológico no puede explicarse mediante relaciones válidas para otro; esto es una regla general que rige también respecto de los dominios fenomenológicos diferentes generados a través del funcionamiento de los sistemas autopoiéticos. En consecuencia, así como un sistema autopoiético no se puede explicar por medio de relaciones estáticas ni de relaciones mecanísticas no autopoiéticas en el espacio físico, y debe por tanto explicarse por medio de relaciones mecanísticas autopoiéticas en el dominio mecanístico, los fenómenos generados por las interacciones de unidades autopoiéticas deben explicarse en su dominio de interacciones y por medio de las relaciones que determinan este dominio.


iii) El desarrollo de la idea darwiniana de evolución, con su énfasis en la especie, la selección natural y la aptitud, tuvo un impacto cultural que llegó más allá de la explicación de la diversidad de los sistemas vivos y del origen de esa diversidad. Tuvo trascendencia sociológica, porque pareció brindar una explicación de la fenomenología social en una sociedad competitiva, y una justificación científica de la subordinación del destino de los individuos a los valores trascendentales que se supone entrañados en nociones tales como humanidad, estado o sociedad. En efecto, la historia social del hombre muestra una continua búsqueda de valores que expliquen o justifiquen la existencia humana, y un uso constante de nociones trascendentales para justificar la discriminación social, la esclavitud, la subordinación económica y el sometimiento político de los individuos, aislada o colectivamente, al designio o al capricho de quienes pretenden representar los valores contenidos en esas nociones. ¿Qué importa lo que le pase a un individuo, o a unos cuantos individuos, si su sacrificio es en bien de la humanidad? ¿Sobrevivirá la especie humana al embate de una guerra atómica? En esta historia de una sociedad basada en la discriminación económica y en ideas competitivas de poder, la evolución, la selección natural y las aptitudes (con su énfasis sobre la especie como entidad histórica perdurable, mantenida por individuos transitorios y dispensables), llegaron como una justificación biológica, para su estructura socioeconómica. Es cierto que lo que evoluciona es la humanidad en cuanto especie hombre. Es cierto que la competencia conduce, incluso en el hombre, al camino evolutivo. Es verdad que bajo las leyes de la selección natural sobrevive el más apto para aquello que se selecciona, y que los que no sobreviven no contribuyen al destino histórico de la especie. Pareció que, si el papel del individuo era contribuir a perpetuar la especie, todo lo que uno tenía que hacer era dejar que los fenómenos naturales siguieran su curso. La ciencia, la biología, aparecían justificando la noción de "cualquier cosa, por el bien de la humanidad", fuera cual fuese la intención o el propósito de quienquiera la enunciara.



Nosotros hemos demostrado que estos argumentos no son válidos para justificar la subordinación del individuo a la especie, porque la fenomenología biológica es determinada por la fenomenología individual, y sin individuos no hay fenomenología biológica alguna. La organización del individuo es auto-poiética, y en esto estriba toda su importancia: su modo de ser es definido por su organización y su organización es autopoiética. Así, la biología ya no puede emplearse para justificar la calidad de prescindibles de los individuos en beneficio de la especie, la sociedad o la humanidad, so pretexto de que su papel es perpetuarla biológicamente, los individuos no son prescindibles.


La dependencia de la fenomenología biológica respecto de la organización del individuo puede tener otras implicaciones sociológicas más. Hay sistemas autopoiéticos de segundo y de tercer orden; ¿qué ocurre con la sociedad humana? Esta pregunta no se puede contestar adecuadamente en la actualidad, pero hay dos consideraciones generales que pueden hacerse: 1) Si la sociedad humana hubiera de pasar a ser un sistema autopoiético compuesto de seres humanos, la unidad que se mantendría constante a través de su propio funcionamiento interno sería la sociedad, y a ella sería aplicable todo cuanto hemos dicho acerca de los sistemas vivientes en cuanto unidades. La fenomenología individual de los hombres en cuanto componentes estaría subordinada a la autopoiesis de la sociedad, y su propia autopoiesis estaría restringida a la que satisface el papel alopoiético de los individuos dentro de ella. "Cualquier cosa, por el bien de la humanidad", sería la justificación ética de la acción humana. 2) Aunque esto es posible, y una vez establecida puede ser muy difícil para los hombres interferir con la dinámica autopoiética de la sociedad que constituyen, una sociedad autopoiética es solamente una de las formas en que pueden concatenarse los procesos generados por los seres humanos. En efecto, sabemos que una sociedad formada según un diseño arbitrario será biológicamente válida mientras satisfaga la autopoiesis de sus miembros. Así, podríamos imaginar una sociedad intencionalmente constituida por sus componentes como un sistema alopoiético que activamente niega toda jerarquización sistemática entre ellos, y cuya función sea satisfacer sus necesidades materiales, intelectuales, y estéticas, proveyéndoles un medio interesante para su existencia como sistemas dinámicos y cambiantes. Es claro que este problema de la relación entre la fenomenología biológica y la social no puede responderse adecuadamente en este libro, y queda como problema abierto la pregunta: ¿hasta qué punto puede la fenomenología social considerarse fenomenología biológica?



3. IMPLICACIONES GNOSEOLÓGICAS

El dominio de interacciones de una unidad autopoiética es el dominio de todas las deformaciones que ella puede experimentar sin perder su autopoiesis. Para cada unidad, ese dominio queda determinado por el modo particular de realizarse su autopoiesis y, en consecuencia, es necesariamente acotado; es decir, hay interacciones (deformaciones) que ella no puede sufrir sin perder su identidad. Más aún, la manera como un sistema autopoiético compensa sus deformaciones, un observador puede considerarla como descripción del agente deformante que ve actuar sobre el sistema; y la deformación sufrida por éste, puede él considerarla como representación del agente deformante. Como el dominio de interacciones de un sistema autopoiético es limitado, hay agentes deformantes que un observador puede ver, pero que el sistema autopoiético deformado no puede describir, porque no puede compensarlos. Este dominio, el dominio de todas las interacciones en que un sistema autopoiético puede participar sin perder su identidad, es decir, el dominio de todos los cambios que puede sufrir al compensar perturbaciones, es su dominio cognoscitivo. De esto se desprende que el dominio cognoscitivo de un sistema autopoiético es equivalente a su dominio conductual y, en la medida en que toda conducta puede ser observada, equivalente a su dominio de descripciones. O, lo que es lo mismo, que toda conducta es expresión de conocimiento (compensación de perturbaciones), y que todo conocimiento es conducta descriptiva. A continuación cuatro observaciones que señalan la subordinación del dominio cognoscitivo a la autopoiesis individual.


i) Si el dominio cognoscitivo de un sistema autopoiético está determinado por su modo particular de autopoiesis, y si todo conocimiento es conducta descriptiva, se desprende que todo conocimiento es, necesariamente, relativo al dominio cognoscitivo del que conoce y que, por ende, está determinado por su organización. Más aún, si la forma como se realiza la autopoiesis de un organismo cambia a lo largo de su ontogenia, su dominio cognoscitivo también cambia y su repertorio conductual (conocimientos) sigue una historia de cambios determinada por ella. La ontogenia es, por lo tanto, no sólo un proceso de especificación continua de la modalidad de autopoiesis de un organismo, sino que también de su dominio cognoscitivo. Intrínsecamente, pues, no es posible el conocimiento absoluto, y la validación eventual de todo conocimiento en los seres vivos (el hombre incluido) se da, necesariamente, en su autopoiesis continuada.


ii) Los sistemas autopoiéticos pueden interactuar entre sí en condiciones que dan por resultado el acoplamiento conductual. En este acoplamiento, la conducta autopoiética de un organismo A pasa a ser fuente de deformación para un organismo B; y la conducta compensatoria del organismo B actúa, a su vez, como fuente de deformación del organismo A, cuya conducta compensatoria actúa, por su parte, como fuente de deformación para B, y así sucesivamente, en forma recursiva, hasta que se interrumpe el acopla¬miento. De esta manera, se desarrolla una cadena tal de interacciones eslabonadas que, aunque la conducta de cada organismo en cada interac¬ción es determinada internamente por su organización autopoiética, dicha conducta es para el otro fuente de deformaciones compensables y, por lo tanto, puede calificarse de significativa en el contexto de la conducta acoplada. Éstas son interacciones comunicativas. Si los organismos acoplados son capaces de una conducta plástica y permanentemente resultan modificados en las interacciones, sus cambios -que surgirían en el contexto de sus deformaciones acopladas- constituirían dos ontogenias históricamente eslabonadas que generan un campo consensual de conducta acoplada que se especifica (se hace consensual) durante el proceso de su generación. Un campo consensual así, donde los organismos acoplados se orientan recíprocamente en su conducta, internamente determinada, por medio de interacciones que se han especificado durante sus ontogenias acopladas, es un dominio lingüístico. En tal campo consensual de interacciones, la conducta de cada organismo se puede tratar como una descripción connotativa de la conducta del otro; o bien, en el dominio del observador, como una denotación consensual. Las interacciones lingüísticas (de connotación) son intrínsecamente no informativas; el organismo A no determina, ni puede determinar, la conducta de B debido a la naturaleza misma de la organización autopoiética, la cual hace que todo cambio experimentado por un organismo sea necesaria e inevitablemente determinado por su propia organización, y no por la transmisión de información. EI dominio lingüístico -como dominio consensual que resulta del acoplamiento de ontogenias de sistemas autopoiéticos- es, pues, intrínsecamente no informativo, aun cuando un observador lo des¬criba como si lo fuese, desatendiendo la determinación interna que lo genera en los sistemas autopoiéticos. Fenomenológicamente, el dominio lingüístico y el de la autopoiesis son dominios diferentes y, aunque el uno genera los elementos del otro, no se intersectan.


iii) Un sistema autopoiético capaz de interactuar con sus propios estados (como puede hacerlo un organismo dotado de sistema nervioso) y de desarrollar con otros sistemas un dominio consensual lingüístico (en el campo donde puede interactuar con sus propios estados), puede tratar sus propios estados lingüísticos como fuentes de deformaciones y, así, interactuar lingüísticamente en un dominio lingüístico cerrado. Tal sistema posee dos propiedades notables.


1) A través de interacciones recurrentes con sus propios estados lingüísticos, un sistema así puede permanecer siempre en situación de: interactuar con las representaciones (según se las definió previamente) de sus interacciones. Tal sistema es un observador. El dominio de tales interacciones recurrentes es, en principio, infinito, porque no hay ningún momento en que el sistema no esté en situación de interactuar recurrentemente con sus propios estados; a menos que se pierda la autopoiesis. El que un sistema autopoiético con dicha capacidad, en efecto genere durante su ontogenia una serie interminable de estados diferentes, depende, obviamente, de lo que constituye una identidad. En el dominio lingüístico, donde la historia de interacciones del organismo determina el contexto en que tiene lugar cada nueva interacción lingüística y donde la relevancia circunstancial que cada estado lingüístico tiene en la realización de la autopoiesis determina su valor semántico, pueden, en principio, generarse infinitos estados lingüísticos semánticamente diferentes.

2) Un sistema vivo capaz de ser un observador puede interactuar con sus propios estados descriptivos, que son descripciones lingüísticas de él mismo. Si lo hace en forma recursiva, genera un dominio de autodescripciones lingüísticas en el cual es un observador de sí mismo y un observador de su observación y de su autoobservación, de una manera interminable. Este dominio lo llamamos dominio de autoobservación, y la conducta autoconsciente es conducta en el dominio de autoobservación.


iii) Toda interacción en un sistema autopoiético tiene lugar por medio de interacciones físicas, pero como tal sistema está definido en términos de relaciones, todas sus interacciones necesariamente dan por resultado cambios en estas relaciones. Así cualesquiera sean las circunstancia de una interacción, ésta es siempre representada en la misma categoría fenomenológica: cambios en las relaciones de producción que definen y especifican el sistema autopoiético que, si son compensables, permiten la autopoiesis continuada. Como resultado de esto, es decir, en virtud de la naturaleza misma de la organización autopoiética, dominios conductuales que son diferentes debido a que los determinan fenomenológicamente unidades distintas, pueden ser representados en la misma categoría fenomenológica de cambios en las relaciones internas de un sistema autopoiético. Esto tiene dos implicaciones de importancia en el dominio cognoscitivo:

1) Un observador mapea todas sus interacciones como observador en el mismo dominio de relaciones, aun cuando esas interacciones pertenezcan a distintas fenomenologías porque él participa en ellas como una clase diferente de unidad (con propiedades diferentes). Mediante este mapeo, un observador puede establecer relaciones descriptivas entre sus descripciones de fenomenologías independientes. No obstante, estas relaciones sólo existen en el dominio lingüístico y constituyen conexiones solamente descriptivas, no operativas, entre fenomenologías independientes: su presentación depende de la presencia del observador.

2) El observador en cuanto al necesariamente permanece siempre en un dominio descriptivo, vale decir, en un dominio cognoscitivo relativo. No es posible ninguna descripción de una realidad absoluta. Tal descripción requeriría una interacción con lo absoluto por describir, pero la representación que surgiría de semejante interacción necesariamente sería determinada por la organización autopoiética del observador, y no por el agente deformante; luego, la realidad cognoscitiva así generada dependería inevitablemente del conocedor, y sería relativa a él.


En toda explicación, la reformulación del fenómeno por explicar recurre a las mismas nociones lógicas (identidad, exclusión, sucesión, etc.), con prescindencia del dominio fenomenológico en que ella tiene lugar, sea éste una verdadera reproducción material, una representación formal o una descripción puramente racional. Hay, pues, una lógica universal, válida para todos los dominios fenomenológicos, que se refiere a las relaciones posibles entre las unidades que los originan, y no a las propiedades de las unidades generatrices que determinan la forma como se realizan estas relaciones en cada caso y especifican cada dominio fenomenológico particular. Nosotros hemos aplicado esta lógica (no habría podido ser de otro modo) en este libro y de su validez depende la validez de nuestros argumentos, tanto como la validez de cualquier argumento racional o descubrimiento fenomenológico concreto. Además, en principio hemos demostrado mediante su aplicación, que la fenomenología de los sistemas autopoiéticos genera observadores, y que éstos, a través de su autopoiesis, generan una fenomenología descriptiva en que esta lógica es también necesariamente válida. Por razones epistemológicas, todo lo que hemos dicho implica un espacio (físico) donde tiene lugar la fenomenología autopoiética. Podemos concluir que tal espacio es, ontológicamente, un espacio en el cual es intrínsecamente válida la lógica que hemos aplicado en nuestra descripción. Si así no fuese, no habríamos podido hacer lo que hemos hecho en cuanto a caracterizar los sistemas vivientes y a mostrar cómo éstos pueden dar origen a sistemas capaces de autodescribirse. No podemos caracterizar este espacio en términos absolutos. En las interacciones lingüísticas, todo lo que podemos hacer es describir por medio de la conducta lingüística y, a base de estas descripciones, construir otras descripciones más que permanecen siempre en el mismo dominio de operaciones definido en relación con el sistema operante.


Una predicción es la afirmación de un caso dentro de un contexto; es una afirmación cognoscitiva y, como tal, tiene lugar en un dominio descriptivo. Así, a menos que se cometan equivocaciones, si se toman correctamente todas las relaciones que definen el contexto particular en que se hace la predicción, ésta es válida. Los errores de interpretación sólo pueden surgir por aplicación errónea, pretendiendo que uno hace una redicción en un contexto, en circunstancias que está haciéndola en otro. En particular, son posibles las predicciones en el espacio físico, porque una descripción, en cuanto conducta real, existe en un contexto de interacciones que por constitución posee un molde lógico necesariamente isomórfico con el substrato en que tiene lugar, no porque tengamos un conocimiento absoluto del universo. Estas relaciones cognoscitivas son válidas para la posible fenomenología cognoscitiva generada a través de cualquier sistema cerrado. Los sistemas vivientes son una prueba existencial de ello, pues existen solamente en la medida en que pueden existir. EI capricho de nuestra imaginación no puede negar esto. Los sistemas vivos son concatenaciones de proceso en un dominio mecanístico; las fantasías son concatenaciones de descripciones en un dominio lingüístico. En un caso, las unidades concatenadas son procesos; en el otro caso, so modalidades de conducta lingüística.


La autopoiesis resuelve el problema de la fenomenología biológica en general, definiéndola. Surgen nuevos problemas, y los antiguos aparecen en una perspectiva diferente. En especial los que se refieren al origen de los sistemas vivientes sobre la Tierra (eobiogénesis y neobiogénesis) y los referentes a la estructura particular mediante la cual se efectúan en los animales las interacciones descriptivas recurrentes (sistema nervioso). Los seres vivos en cuanto a unidades autopoiéticas en el espacio físico definen su mundo fenomenológico en relación con su autopoiesis en dicho espacio, y algunos operan en ese mundo en forma recurrente, a través de sus descripciones, siéndoles imposible salir de este dominio descriptivo relativo mediante descripciones. Más aún, en este dominio de descripciones estos sistemas autopoiéticos señalan que el espacio físico es singular porque es el espacio donde ellos se dan y donde ellos, mediante su conducta, pueden describirlo como el espacio donde ellos se dan. Esto exige un enfoque cognoscitivo enteramente nuevo: hay un espacio en el cual tienen lugar distintas fenomenologías: una de ellas es la fenomenología autopoiética; la autopoiesis genera un dominio fenomenológico; éste es el dominio cognoscitivo.



Participar en el Foro
 1..7 de 7 Opiniones

  1. 1:24 Horas, 24/7/2017


  2. natha f » nata1309gmail.com15:06 Horas, 25/5/2011


    la autopoiesis siendo un mecaninsmo de regulacion y equilbrio que manega y esta ligado a la estructura del ser humano, en donde reacciona y cambia en el medio que se encuentra, contando tanto sus factores biologicos, epistemoligicos y genelogicos merzaclandose para encaminar a una formacion socila en donde la identidad evolucione y cambio pero no se desintegre manteniendo un equilibre entre el ser y la dociedad en la que esta inmerso, reconociendose asi mismo y al otro por medio de emociones fundamentales, ademas de estar la autopoiesis por su capacidad de regulacion integrada en mas campos tambien bastante explorados como se explica anteriormente, constituyendo asi un cresimiento integral en la formacion del ser tanto internamente en el como en su sociedad.

  3. Luisa Arango » luma.arangogmail.com20:09 Horas, 26/4/2011


    la autopoiesis podría encontrarse como un mecanismo de auto-regulación desde lo interno y constitutivo del ser humano hasta aquello extrínseco que también lo conforma como tal,( el medio en el que se constituye socialmente), lo relaciono con un mecanismo de autoregulación pues según el planteamiento de Maturana acerca de su invariabilidad, permite una afinidad armoniosa y casi constante, entre los factores exógenos al ser humano que estructuran su curso vital y aquellos endógenos que actúan también como constitutivos en la formación social de lo humano, recopilando, filtrando y finalmente exponiendo ambos campos en el repertorio de las acciones e interacciones humanas.

  4. Katherine T » katherinetromerohotmail.12:46 Horas, 26/4/2011


    De acuerdo a la anterior síntesis de la obra de Maturana, se hace referencia al concepto de autopoiesis como una propiedad definitoria de la dicotomía individuo-sociedad, entendida como un todo unitario que esta regulada por unos prinicios de funcionamiento que buscan disminuir la variabilidad de los efectos de los cambios ambientales y otras condiciones que afecten el proceso de adaptación. En tal proceso de adpatación la autopoiesis aparece como un mecanismo adaptatorio de los individuos y la sociedad, el cual no sería posible sin la existencia previa de una emoción fundante de lo humano, que es el amor comprendido un reconocimiento legítimo del otro como tal. Los principios de la teoria de Maturana, han sido utilizables en diferentes disciplinas y parecen explicar, en el area de las humanidades como el sentido de lo humano se halla en la cohesión entre los dieferentes sujetos

  5. 15:54 Horas, 9/10/2010


  6. 19:09 Horas, 8/10/2010


  7. luis » carelabayahoo.om.ar8:49 Horas, 14/4/2010


    Autopoiesis y sociedad terminologías que indican fenómenos que se autorrepoducen en el espacio y tiempo. La unidad social el hombre cumple una función que etambien será reproducible en términos generales, crea esatructuras jurídicas, que lo fundamentan como hombre pensante organizado autopoieticamente.busca la verdad como suficiencia de su conducta social. En la sociedad actual, moderna se adapta a las nuevas creatividades cada vez mas innovadoaras, crea acatos jurídicos que son organizadores del derecho del hombre. evolucionendo en una vida mas compleja y faciliatadora de autopouesis cognocente....el hombre sisgue siendo una unidad en el sistema.


Página [1]