UNA MIRADA A LA EDUCACION ACTUAL DESDE LA PERSPECTIVA DE LA BIOLOGIA DEL CONOCIMIENTO. ¿ Para qué sirve la educación?
Quiero empezar con el 'para qué' por una razón muy simple. Porque si uno se pregunta...

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Autopoiesis.cl Sábado 12 de Septiembre del año 2009 / 10:10

Me han pedido responder a una pregunta: ¿la educación actual sirve a Chile y a su juventud?, y, en caso
de respuesta afirmativa, ¿para qué o para quién? Al mismo tiempo, me han pedido que considere esto
desde ángulos tan distintos como la sociedad y el aula, y que lo haga teniendo en mente tanto a los que
trabajan dando clases a la juventud como a los que estudian el proceso de aprendizaje y el fenómeno del
conocimiento, buscando comprender cómo se aprende, y qué es lo que permite formar a la juventud de
una u otra manera.


Para responder a esa pregunta y satisfacer esas peticiones voy a hacer dos tipos de reflexiones.
Una relativa al para qué sirve la educación, y otra sobre lo humano considerando la pregunta ¿qué es esto
de ser un ser humano? Más aún, al hacer estas reflexiones diré algo sobre biología de la educación y
sobre ética, y finalizaré con alguna conclusión general que en mi parecer se deriva de tales reflexiones.

1.1 ¿Para qué sirve la educación?.


Quiero empezar con el "para qué" por una razón muy simple. Porque si uno se pregunta ¿sirve la
educación actual a Chile y a su juventud?, uno está haciendo la pregunta desde el supuesto de que todos
entienden lo que la pregunta pide. Pero ¿es cierto eso? La noción de servir es una noción relacional;
algo sirve para algo en relación a un deseo, nada sirve en sí. En el fondo la pregunta es ¿qué queremos
de la educación? Pienso que uno no puede considerar ninguna pregunta sobre el quehacer humano en lo
que se refiere a su valor, a su utilidad, o a lo que uno puede obtener de él, si uno no se pregunta lo que
quiere. Preguntarse si sirve la educación chilena exige responder a preguntas como: ¿qué queremos con
la educación?, ¿qué es eso de educar?, ¿para qué queremos educar?, y, en último término, a la gran
pregunta: ¿qué país queremos?.


Pienso que uno no puede reflexionar acerca de la educación sin hacerlo antes o simultáneamente
acerca de esta cosa tan fundamental en el vivir cotidiano como es el proyecto de país en el cual están
inmersas nuestras reflexiones sobre educación. ¿Tenemos un proyecto de país? Tal vez nuestra gran
tragedia actual es que no tenemos un proyecto de país. Es cierto que no podemos jugar a volver al
pasado. Sin embargo, como profesor universitario me doy cuenta de la existencia de dos proyectos
nacionales, uno del pasado y otro del presente, claramente distintos, uno que yo viví como estudiante y
otro que encuentro se ven forzados a vivir los estudiantes actuales.


Yo estudié para devolver al país lo que había recibido de él; estaba inmerso en un proyecto de
responsabilidad social, era partícipe de la construcción de un país en el cual uno escuchaba
continuamente una conversación sobre el bienestar de la comunidad nacional que uno mismo contribuía a
construir siendo miembro de ella. No era yo el único. En una ocasión, al comienzo de risas estudios
universitarios, nos reunimos todos los estudiantes del primer año para declarar nuestras identidades
políticas. Cuando esto ocurrió, lo que a mí me pareció sugerente fue que, en la diversidad de nuestras
identidades políticas, había sin propósito común: devolver al país lo que estábamos recibiendo de él.


Es decir, vivíamos nuestro pertenecer a distintas ideologías como distintos modos de cumplir con
nuestra responsabilidad social de devolver al país lo que habíamos recibido de él, en un compromiso
explícito o implícito, de realizar la tarea fundamental de acabar con la pobreza, con el sufrimiento, con las
desigualdades y con los abusos. La situación y preocupaciones de los estudiantes de hoy han
cambiado. Hoy los estudiantes se encuentran en el dilema de escoger entre lo que de ellos se pide, que
es prepararse para competir en un mercado profesional, y el impulso de su empatía social que los lleva a
desear cambiar un orden político-cultural generador de excesivas desigualdades que traen pobreza y
sufrimiento material y espiritual.


La diferencia que existe entre prepararse para devolver al país lo que uno ha recibido de él trabajando
para acabar con la pobreza, y prepararse para competir en el mercado ocupacional, es enorme. Se trata
de dos mundos completamente distintos. Cuando yo era estudiante, como ya lo dije, deseaba retribuir a
la comunidad lo que de ella recibía, sin conflicto, porque mi emoción y mi sensibilidad frente al otro, y mi
propósito o intencionalidad respecto del país, coincidían. Pero actualmente esta coincidencia entre
propósito individual y propósito social no se da porque en el momento en que uno se forma como
estudiante para entrar en la competencia profesional, uno hace de su vida estudiantil un proceso de
preparación para participar en un ámbito de interacciones que se define en la negación del otro bajo el
eufemismo: mercado de la libre y sana competencia. La competencia no es ni puede ser sana porque se
constituye en la negación del otro.


La sana competencia no existe. La competencia es un fenómeno cultural y humano y no constitutivo
de lo biológico. Como fenómeno humano la competencia se constituye en la negación del otro. Observen
las emociones involucradas en las competencias deportivas. En ellas no existe la sana convivencia
porque la victoria de uno surge de la derrota del otro, y lo grave es que, bajo el discurso que valora la
competencia como un bien social, uno no ve la emoción que constituye la praxis del competir, y que es la
que constituye las acciones que niegan al otro.


Recuerdo haber asistido a un curso de economía dictado en la Universidad Católica por un economista
de la escuela de Chicago, pues quería entender a los economistas. El centró su discurso en las leyes de
la oferta y la demanda. Nos habló de los reemplazos de importaciones por producciones locales y de las
exportaciones en el libre mercado, destacando las bondades de la sana competencia, etcétera. Yo le
pregunté si en el encuentro Mercantil hay alguna diferencia cuando los que participan en él son amigos y
se respetan, con respecto a cuando no lo son, no se conocen y no se respetan. El no supo qué
contestar. Por lo menos eso me reveló que era una pregunta que jamás se había hecho, porque quien se
haga esa pregunta no puede sino trabajar para obtener una respuesta, pues se trata de una pregunta
fundamental. No es lo mismo un encuentro con alguien que pertenece al mundo de uno y a quien uno
respeta, que un encuentro con alguien que no pertenece al mundo de uno y que es para uno indiferente,
aunque esto sea en la simple transacción mercantil que nos parece tan obvia y tan clara. No es lo mismo
porque las emociones involucradas son distintas.


De modo que los jóvenes chilenos están ahora, implícita o explícitamente, empujados por el sistema
educacional actual a formarse para realizar algo que no está declarado como proyecto nacional, pero que
configura un proyecto nacional fundado en la lucha y la negación mutua bajo la invitación a la libre
competencia. Aun más, se habla de libre competencia como si esta fuese un bien trascendente válido en
sí y que todo el mundo no puede sino valorar positivamente y respetar como a una gran diosa, o tal vez un
gran dios, que abre las puertas al bienestar social, aunque de hecho niega la cooperación en la
convivencia que constituye lo social. Pero dejemos de lado, por ahora, la pregunta sobre el proyecto
nacional y la competencia, y atendamos a sus fundamentos como aspectos de nuestro ser cultural.



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 1..5 de 5 Opiniones

  1. rosario » rosario365hotmail.com17:28 Horas, 22/8/2011


    ¿Cómo puedo seguir leyendo el artículo?

  2. carme » carmerosahotmail.com14:28 Horas, 23/5/2011


    me parece muy bueno el articulo sobre todo este pedazo Recuerdo haber asistido a un curso de economía dictado en la Universidad Católica por un economista de la escuela de Chicago, pues quería entender a los economistas. El centró su discurso en las leyes de la oferta y la demanda. Nos habló de los reemplazos de importaciones por producciones locales y de las exportaciones en el libre mercado, destacando las bondades de la sana competencia, etcétera. Yo le pregunté si en el encuentro Mercantil hay alguna diferencia cuando los que participan en él son amigos y se respetan, con respecto a cuando no lo son, no se conocen y no se respetan. El no supo qué contestar. Por lo menos eso me reveló que era una pregunta que jamás se había hecho, porque quien se haga esa pregunta no puede sino trabajar para obtener una respuesta, pues se trata de una pregunta fundamental. No es lo mismo un encuentro con alguien que pertenece al mundo de uno y a quien uno respeta, que un encuentro con alguien que no

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