TESINA: LA PREGUNTA POR LA VIOLENCIA Y LA INSEGURIDAD. Por GUILLERMO DE GUZMÁN, Argentina
DIPLOMADO INTERNACIONAL EN BIOLOGIA CULTURAL. INSTITUTO MATRIZTICO

Family therapyAutopoiesis on Social Contexts
GUILLERMO DE GUZMÁN Sábado 12 de Septiembre del año 2009 / 13:46

INSTITUTO MATRIZTICO

 

DIPLOMADO INTERNACIONAL EN BIOLOGIA CULTURAL

 

2007 – 2009

 

 


TESINA:

“LA PREGUNTA POR LA VIOLENCIA Y LA INSEGURIDAD”

 

ALUMNO: GUILLERMO DE GUZMÁN

 


INTRODUCCION

 

            Hace algunas semanas estuve en una reunión familiar en la que se conversaba sobre la inseguridad que se “vive” en nuestra ciudad en los últimos tiempos. La conversación recorrió durante un rato todos los clisés habituales, las explicaciones y propuestas recurrentes. Yo permanecí silencioso y con una sensación de esterilidad que me resulta familiar en esta clase de discusiones. De repente me encontré formulándome una extraña y angustiante pregunta:

 

¿Cómo es que no hay más inseguridad?

 

¿Somos afortunados a pesar de todo?

 

            Así surgió esta monografía. No se trata de un análisis con bases estadísticas ni una investigación sociológica, ni pretende apoyarse en datos validados por algún estudio o institución de ningún tipo. Las observaciones realizadas en los medios son de lo más vulgar y corriente y forman parte de las conversaciones que circulan cotidianamente entre cualquier ciudadano de Buenos Aires. No hace a la finalidad de esta monografía contar con información o mediciones “objetivas”. Es todo cualitativo y orientado a tratar de ver como nuestra cultura está definiendo el problema, es decir desde donde se lo está mirando, cuales son las explicaciones que se dan, qué genera espontáneamente esta nueva circunstancia en la comunidad y que soluciones se proponen, y tratar de entender a la problemática presentada y la mirada que se hace de ella como parte de un todo y ofrecer un punto de vista diferente desde el entendimiento de la MBCEH. En todo caso tratar de ver más allá de las “conversaciones” establecidas, tratar de escrutar cuales son los criterios que las validan. Poder observar al observador que en nuestra cultura se ha erigido sobre este tema.

 

Dejando de lado la discutible veracidad o el uso político y manipulatorio que se hace de la información, surge evidente una nueva forma de delito estallando en la conciencia de la gente, no estamos hablando del delito de trasgresión antisocial que probablemente ha existido siempre como un emergente ocasional en el fluir del vivir en el convivir social. Por el contrario estamos observando una conducta intrínsecamente relacionada con nuestra cultura y nuestro pensar cultural.

 

            Con seguridad aparecen en nuestra sociedad chispazos de una mirada reflexiva y propuestas sobre el tema que buscan un camino de cambio con responsabilidad y libertad desde el observar y hacernos cargo de cómo hacemos lo que hacemos. Esto sucede espontáneamente en el vivir y convivir cuando podemos situarnos en el reconocimiento y la aceptación de la legitimidad de nuestro hacer y emocionar. Pero es obvio que aún no han hecho masa suficiente como para torcer el rumbo que traemos. Dichas explicaciones y propuestas no están presentes deliberadamente en estas líneas porque lo que se trata de mirar aquí es lo que se está conservando y ver de qué manera se lo conserva.


UN RELEVAMIENTO

 

            De un relevamiento básico hecho durante tres días en los principales medios gráficos y televisivos surgieron como generalizados los siguientes tópicos:

 

1) LOS HECHOS FRECUENTES PERCIBIDOS

 

            Es evidente que el tipo y cantidad de delitos ha cambiado en los últimos tiempos si no en las estadísticas (ya que las mismas están controvertidas), cuanto menos en la percepción de los ciudadanos. Todos los días nos enteramos por los medios de algunos hechos violentos que muchas veces llegan al asesinato de las víctimas. La edad de los delincuentes es sorprendentemente baja y la violencia desplegada parece inverosímil. El efecto de drogas también es referido con frecuencia.

 

            Las modalidades que aparecen, dejando de lado los hurtos y delitos menores, son secuestros extorsivos, secuestros express, homicidios en situaciones de robo, robo a ancianos indefensos con palizas despiadadas, asesinatos por ajustes de cuentas, etc. Los delitos tradicionales como hurtos de vehículos y pasacasettes, salideras bancarias, hurtos en casas, sin inusitada violencia ya no tienen prensa lamentablemente. Claramente la opinión pública se alarma especialmente con una serie de delitos que muestran una violencia inaudita, aparentemente innecesaria ejecutada con indolencia.

 

 

2) REACCIONES ESPONTANEAS DE LOS CIUDADANOS E INSTITUCIONES

 

            A los ciudadanos e instituciones les “aparece“, éste nuevo y amenazante escenario frente a lo cual se producen reacciones espontáneas. Se enumeran a continuación algunas de ellas:

 

  • Seguridad Privada. Las empresas que ofrecen servicios de seguridad y vigilancia crecen sin parar. Sus servicios son solicitados por empresas, instituciones, barrios, comercios, restaurantes y hasta personas.
  • Compra de armas, entrenamiento y licencias para su portación y uso. Cada vez más seguido, alguna víctima se defiende a balazos arriesgando aún más su vida, la de los suyos y la de los delincuentes.
  • Mapas de la Inseguridad y redes sociales dedicadas al tema. Tanto el estado como algunos políticos opositores han alentado la participación de los ciudadanos a denunciar anónimamente delitos de manera de identificar zonas peligrosas en mapas ad hoc accesibles en Internet.
  • Levantamiento de muros. Ha habido recientemente un sonado caso de un intendente de un municipio “rico” que sintiéndose acosado por delincuentes provenientes de municipio vecino “pobre” mandó construir un muro, una especie de muralla de paneles de hormigón para protegerse de las incursiones delictivas de sus vecinos (el intento generó una reacción violenta y el muro terminó destruido y prohibido por la autoridad provincial).
  • Marchas de protesta. De tanto en tanto, cuando algún hecho delictivo se destaca del resto por su violencia extrema o porque costó alguna vida, o porque se vincula con algún “rico y famoso” la ciudadanía espontáneamente o convocada por alguna organización sale a las calles en marchas de protesta. Aún se ha convocado a la población a marchas contra la inseguridad de carácter nacional reuniéndose en la Plaza de Mayo con discursos de reclamo por seguridad.
  • Depuraciones policiales. Con cada cambio de autoridades o frente a episodios que muestran flagrantemente el compromiso entre fuerzas de seguridad y delincuentes se produce una purga que expulsa jerárquicos de la fuerza y promueve al ascenso a los cuadros inferiores.
  • Creación de segundas policías. Se ha dado, ante la aparente frustración en los intentos por mejorar el comportamiento policial, en crear policías alternativas. Tanto en la provincia de Buenos Aires como en la Ciudad Autónoma se ha implementado. Esto es observable y tiene sustento más allá del interés presupuestario en juego.
  • Video Vigilancia, Alarmas, Monitoreo. El mercado de la electrónica aplicada a la seguridad no deja de crecer en cifras y la tecnología aplicada aún para uso doméstico es cada vez más sofisticada.

 

            No es sorprendente que la reacción frente a un ataque sea la defensa o en algún caso el ataque profiláctico a los focos peligrosos o potencialmente peligrosos por aquello de que no hay mejor defensa que un buen ataque. Tampoco puede sorprender el hecho de que cualquier estrategia defensiva no sea más que eso, una pura estrategia defensiva. Y que no puede esperarse que este tipo de acciones vaya a llevarnos a un convivir con mayor bienestar porque no se ocupa del sistema como fuente del malestar sino que de mitigar desde dentro del sistema, es decir sin mirar su estructura y organización, los hechos indeseables que el sistema conserva. Menos riesgo no es igual a más bienestar. En la espontaneidad de estas reacciones no se ve la pregunta reflexiva que pudiera preceder a un cambio en la deriva cultural. Lo que sí abunda es el juicio y la acusación.

 

 

3) EXPLICACIONES FRECUENTES

 

            En los medios gráficos, en la televisión, en los discursos políticos de parte del gobierno y de la oposición, en las mesas de los bares y en las sobremesas familiares se encuentran entre otras las siguientes explicaciones:

 

  • Desigualdad. Se atribuye la causa de la inseguridad y violencia a la desigualdad económica y cultural.
  • Justicia garantista y proclive a otorgar excarcelaciones. Se piensa que los jueces son excesivamente condescendientes con los inculpados, especialmente si se trata de menores. Y que acceden fácilmente a conceder excarcelaciones ya sea para liberar plazas carcelarias siempre escasas o haciendo uso arbitrario y peligroso del respeto de las garantías de los acusados. Las estadísticas revelan que un porcentaje alto de excarcelados reinciden, lo que naturalmente provoca quejas.
  • Desintegración de la familia. Se sostiene que la desintegración del núcleo familiar como consecuencia ya sea de que los dos padres deben trabajar para obtener el ingreso necesario, por alta tasa de divorcio, por violencia familiar u otras causas, deja a los niños y jóvenes a la deriva. En la suposición de que la deriva llevaría ineludiblemente a la delincuencia y como si la preservación de la unidad familiar fuera garantía per se.
  • Paco y otras drogas. Se explica gran cantidad de hechos violentos en la alteración de las facultades por efecto de las drogas y por la desesperación de los adictos por obtener dinero para solventar el consumo. En general se enfoca solamente en los consumidores adictos culpabilizándolos.
  • El negocio de las drogas. Se considera violento pro los crímenes que genera por ajustes de cuentas, disputas territoriales, etc. Se acusa de connivencia con los poderosos.
  • Proliferación de armas. Se supone que la labilidad del control de armas en poder de la población aumenta la probabilidad de ocurrencia de delitos con su utilización. Hay mercado negro de armas. Inclusive se alquilan armas para delinquir.
  • De los penales se sale peor de lo que se entra. Es reiterado el argumento de que los penales son escuelas de delincuentes.
  • No todos los pobres son delincuentes. Se suele oír como un argumento reactivo a aquellos que intentan mirar la pobreza como parte del problema. Dejan a la delincuencia como algo innato o por lo menos que ni interesa pensar como se da.
  • Minimización del problema achacándole a la prensa opositora una difusión exagerada de los asuntos de inseguridad. Está tan claro que los medio de difusión que responden al pensamiento opositor critican los niveles de inseguridad como una responsabilidad del gobierno, como que los medios proclives al oficialismo sostienen que el problema si es que existe cuando menos está sobredimensionado. En ninguno de los dos casos el debate suma algo.
  • Etcétera.

 

            La sola enumeración de tantas explicaciones agota. Podemos entretenernos un rato discutiendo cualquiera de ellas con más o menos acaloramiento con la expectativa de aportar una solución. Pero basta ver la colección completa para empezar a sospechar que por ahí la cosa no va. Quizás no sea muy riguroso plantearlo así pero… si hay tantas explicaciones sobre el mismo problema… uhm, tal vez sea oportuno cambiar de problema.

 

            Desde ya que todo este explicar en mayor o menor medida hace sentido entre quienes lo comparten en la misma proporción en que comparten los criterios desde los que validan las respuestas a la pregunta por las causas de tanta inseguridad y violencia. Porque la explicación que se da implica la pregunta que se escucha, la pregunta no puede reducirse a su texto, la pregunta implica al observador que la formula o al observador que la escucha y a los mundos que este trae consigo, sus distinciones, sus criterios de validación, su conversar, que a su vez no es una colección de distinciones y conversaciones estáticas sino que una dinámica continuamente cambiante. Pero tal dinámica sucede y genera cambios dentro de los límites que mantienen la conservación del sistema y de la cultura. Y estando todos los integrantes de una comunidad atravesados por la red de conversaciones que la definen, resulta cuanto menos difícil salirse de un circuito más o menos esperable de preguntas y respuestas.

 

 

4) SOLUCIONES PROPUESTAS

 

  • Mano Dura. Se propone un endurecimiento del accionar policial. Suele citarse el modelo Giuliani como ejemplo de “limpieza” delictiva de una ciudad.
  • Aumento de planes sociales. Se argumenta que la delincuencia crece entre las clases excluidas y se propone la distribución de subsidios que saque a las personas del estado de indigencia.
  • Más y mejores cárceles. Se supone que con cárceles mejores tanto en cuanto a infraestructura como en cuanto al tratamiento que se le da a los presos para su recuperación, propendería a una mejor reinserción social una vez cumplida la condena. También se supone que habiendo más plazas disponibles habría menos delincuentes libres.
  • Más policía y mejor equipamiento. Se argumenta que el delito crece porque el control y la represión no son suficientes.
  • Sacar al ejército y/o la Gendarmería a la calle. IDEM.
  • Reducir la edad de imputabilidad. Aparentemente una solución al problema de los adultos que mandan a delinquir a menores tomando ventaja justamente de su inimputabilidad sería meter presos a los niños. También se cuestiona la arbitrariedad de los límites de edad y de imputabilidad.
  • Reformar regímenes de penalización. Se propone aumento de penas para algunos o para todos los delitos y disminución de atenuantes para el acortamiento de las condenas. Se discute incluso la instauración de la pena de muerte.
  • Mayor esfuerzo en combatir la pobreza, el analfabetismo, el desempleo, la corrupción y la desigualdad de oportunidades.
  • Reivindicaciones morales. Recuperación del sentido del pecado.
  • Participación ciudadana.

 

Las soluciones propuestas apuntan en general a la represión y/o el asistencialismo. Resulta candorosamente paradojal que se habla de “lucha contra la inseguridad” como si estuviéramos en una cruzada contra hordas de delincuentes venidos de un reino invasor. Claro que hay que protegerse del delito y la violencia… pero no va a alcanzar!

Si se miran las propuestas, se observa que la mayoría de ellas se trata de generar o aumentar los medios represivos, ya sea que se trate de represión física o moral. En segundo lugar se encuentran las propuestas “progresistas”, asistencialistas, orientadas a mejorar las condiciones de vida de los marginados. Ambos tipos de propuestas reducen al ser humano a una única dimensión, la de “sujeto problema”, “sujeto indeseable”, “sujeto inconveniente”. Algo que molesta y con lo que hay que terminar rápida y completamente. ¿A que resultado puede llegarse mientras se reduzca a las personas a una sola dimensión? ¿Qué pasa con el emocionar, con las redes de relaciones que estas persona integran el la sociedad, con sus interacciones que continúan aún en las cárceles con internos y externos? ¿Con su ser desde y para la cultura? Suena fantástica la pretensión de eliminarlo todo con un encierro o con una ley moral o cívica. ¿Podría un encierro o un subsidio por desempleo modificar la cultura?


ALGUNAS REFLEXIONES

 

Desde la biología del conocer, sabemos que sabemos porque podemos reflexionar sobre ello y porque podemos observar al observador (ya se trate de un otro o de uno mismo), que todo conocer está intrínsecamente asociado a quién lo experimenta. Y que quién lo experimenta se ha ido transformando en el convivir social participando de la misma red de conversaciones, explícitas e implícitas que luego contribuye a estabilizar en el convivir al compartirlas con otros que a su vez van siendo transformados en ese convivir. Y que este transformarse recursivo permanente no guarda porque no tiene como hacerlo, trazas de su origen, dejándonos por ello biológicamente ciegos a nuestra propia construcción.

 

            Así, resulta claro que el cambio en la organización de un sistema de convivencia humano, no resulte sencillo, ni siquiera probable de no mediar algún tipo de intervención ortogonal al mismo o en todo caso, y aquí va nuestra esperanza, de no mediar un poderoso proceso de reflexión que nos permita no trabajar sobre “lo que vemos”, sino que hacerlo sobre “el como vemos”.

 

            Como pudo verse en el relevamiento, la red de conversaciones relacionadas al tema de la inseguridad y la violencia que se “sostienen en” y que “sostienen a” nuestra cultura, se ocupa de resolver un problema de buenos y malos o de ricos y pobres. El intento de llevar el problema del bien y el mal a una “lamentable consecuencia” de la brecha entre ricos y pobres o entre cultos e ignorantes encierra el peligro de cambiar una certeza por otra, una ceguera por otra, volviendo a negar de manera diferente que en la convivencia nos transformamos todos, buenos, malos, ricos, pobres, cultos e ignorantes y que colectivamente creamos y somos creados por una cultura que en su deriva hoy nos presenta hechos criminales y violentos. Este pensamiento maniqueo no hace más que contribuir a la estabilidad de un sistema que incluye estas categorías de seres humanos buenos y malos y que desde esta mirada el sistema continuará conservándose.

 

            El bien y el mal como categorías adjudicadas a las personas nos dejan sin perspectiva limitando nuestras posibilidades de acción. Y nos enajenan de la responsabilidad de elegir en que mundo queremos vivir. Quedamos relevados de la tarea de resolver con nuestro “hacer” lo que en nuestro convivir nos parece que es el resultado de atributos pertenecientes al “ser”.

 

Ayer experimenté matar a varias personas entre ellas a algunos inocentes. Aprendí de mi sobrino de 11 años como hacerlo con destreza en un juego en Internet llamado Sniper Assassin (francotirador asesino). El juego presenta la historia de una red de narcotraficantes a los que el francotirador, la persona que juega, tiene que descubrir y asesinar con certeros disparos de un rifle con mira telescópica. Por supuesto que sin trámite judicial ni beneficio de la duda ni ningún tipo de reconocimiento por su humanidad. Impresiona como juegos que juegan niños de escuela primaria matan con realismo y naturalidad. Y si por error en la detección del “enemigo” o de puntería se asesina a un inocente aparece una desensibilizada frase “error, has matado a un inocente”. Para ver y jugar ir a: http://www.addictinggames.com/sniperassassin.html (vale la pena). Va de suyo que esto que a mi me impactó es cotidiano y corriente entre nuestros niños. Y es solo un ejemplo de cómo la violencia está en la matriz en que nos educamos, por no citar otros como el cine de efectos especiales, la prensa morbosa que acentúa los aspectos violentos de las noticias, las guerras y los fundamentalismos.

Confiamos en que los niños pueden discriminar entre la violencia que viven en los juegos y su convivir social y esperamos que no van a salir a matar enemigos. Aunque lo hacemos con reservas al ver cada vez con más frecuencia matanzas irracionales (sobre todo en EEUU, en cuya cultura las fantasías de acción violenta están más presentes) aunque también aquí tenemos casos. Sin embargo, para continuar con el ejemplo de Sniper Assassin, el juego convalida que la red de narcotráfico se combate con francotiradores. El niño si es pequeño no tiene como oponerse a ello desde un criterio distinto adquirido con anterioridad, o tal vez sí pueda en la medida que el convivir matrístico amoroso con su madre esté allí como plataforma emocional pero en todo caso tiene menos recursos que un adulto con capacidad reflexiva. Como tampoco tiene como no incorporar la división entre buenos y malos fuertemente categorizados implícita en el argumento del juego.

 

Valga el ejemplo para exhibir como los criterios de validación se replican transgeneracionalmente de manera implícita en la educación y como en una cultura que niega, se educan personas que niegan aún si se declama lo contrario. Hacemos propia la red de conversaciones en la que crecemos. Los que éramos niños en los años 60 cuando se le daba valor a la producción jugábamos a hacer casa con los “Ladrillitos” y a hacer máquinas con el “Mecano”, éramos productores en escala reducida. Los que son niños hoy que el consumo reina, van de paseo a Centros Comerciales y aún algunas de sus tribus supuestamente rebeldes contestatarias se reúnen en estos lugares. Antes, en una emocionalidad afín a la producción los juguetes se pasaban al hermano menor, ahora, en la emocionalidad que dispone a poseer se abandonan antes de haberlos usado.

 

            Quisiera traer a esta monografía el tremendo desbalance de interacciones que la tecnología y los medios de comunicación nos han permitido. Hoy nos encontramos bajo el imperio del broadcasting, en el que la flecha de cada mensaje va de uno a muchos, donde muchos refiere además de a un gran número, a que los destinatarios son desconocidos e indiscriminados. En la intimidad del círculo cercano la comunicación funciona en modo unicasting 1 a 1, aunque también en modo multicasting 1 a n donde n es un número conocido y n a 1 donde quién se dirige a n es también direccionado desde un n del mismo orden de magnitud, dándose de esta manera un equilibrio en la trasformación mutua en el que todos tienen presencia como transformados y como agentes transformadores. Es obvio que en los albores del homo sapiens esa era la densidad y la direccionalidad de las interacciones ya que lo más aproximado a un broadcasting posible podía haber sido alguna manifestación expresiva registrada en una piedra y el mayor multicasting el grito de alguno frente a un grupo numeroso pero contable. Hoy en cambio los medios de comunicación llegan a un n que puede contarse por miles de millones de manera uni direccional exponiéndonos en la transformación en nuestro convivir social en una vulnerabilidad nunca vista antes. De la combinación de lenguaje y tecnología surge un hecho inédito en la historia biológica, la posibilidad de que un organismo interactúe con TODOS los de su clase. Los ciudadanos comunes nos hemos convertido en receptores pasivos de mensajes broadcasting cuando no de operaciones manipulatorias frente a las que aún mediando reflexión, no es posible dar respuesta, o mejor dicho, no es posible dar el respuesta con la misma magnitud de interacción. Para colmo, la verticalidad del broadcasting está asociada con el poder económico. Tal vez el desarrollo de Internet y las redes sociales abran un nuevo espacio en el que la transformación gane horizontalidad. Tal vez el fluir del vivir y convivir en el lenguaje y el ejercicio de la reflexión pudiera permitir desde interacciones unicasting y multicasting una deriva hacia un vivir cultural con más bienestar.

 

            La omnipresencia de los medios no deja mucho espacio para el surgimiento de lo diferente. Los niños crecen en nuestra cultura no solo asimilando hechos sino que aprendiendo criterios de validación desde los cuales se constituyen como observadores cerrando el círculo que estabiliza su conservación. Hoy hay mucho más espacio para discutir sobre quién es bueno y quién es malo que para reflexionar acerca de que es esto de buenos y malos y como llegamos a ello. Caemos en la trampa de no darnos cuenta que los problemas y las soluciones son parte de lo mismo, forman una gestalt en la que cada uno puede solo existir en presencia del otro y nos enredamos en la insatisfacción de conservar un estado de malestar sin encontrar soluciones a problemas en cuya falta de solución se confirman como tales.

 

            Así, el tema de la inseguridad y la violencia son difundidos por los medios de manera avasallante e incluyendo implícitamente la transmisión de los criterios de validación del observador que comunica, criterios que más fácilmente son aprehendidos que observados reflexivamente. Y agotamos nuestra energía tratando de resolver un problema por simple oposición. Como si se tratara de una cinchada en que para evitar irnos demasiado hacia un lado hacemos mucha fuerza para el otro, sin advertir que preservamos la tensión en el mismo eje. De esta manera vivimos en un universo que incluye y refuerza aquello que quisiéramos evitar.

 

Vivimos en nuestra cultura en un mundo de “seres”, negándonos a mirar que todo ser no es un “ser en sí” con un vivir independiente de nuestro convivir, y que ese convivir es una sucesión de haceres que suceden además en un presente continuo cambiante encadenado no azarosamente a una historia de cambios que no es el resultado de un ayer sino que una manera de estar hoy. Con facilidad encasillamos a otros seres humanos distinguiéndolos con sustantivos y adjetivos en vez que observarlos en su hacer y su devenir en el vivir y convivir en nuestra cultura. Por ejemplo, se le adjudica un valor relevante al problema de la droga y especialmente al paco, la droga de los pobres, en el aumento de la delincuencia. Hablamos sin más vueltas de drogadictos y delincuentes. Convirtiendo muchas veces a victimas en victimarios. Y lo hacemos aunque sepamos que las drogas no crean mundos nuevos en quienes las consumen, entre sus efectos no se cuenta el crear en las mentes de los consumidores nuevas distinciones ni nuevos criterios de validación, solo alteran el como se viven los mundos que habitamos, que traemos a la mano en nuestro vivir. Entonces, mal podríamos echarle la culpa a las drogas de las acciones que ya están contenidas como posibilidad en los mundos que habitamos desde antes de consumirlas. No está mal que nos preocupe su proliferación y por supuesto que tratemos de interrumpirla, pero si los mundos que habitamos incluyen la negación del otro, si en los mundos que habitamos los héroes matan, los logros son conquistas, los buenos pueden o deben matar a los malos, si damos valor a posesiones no por su utilidad intrínseca sino por el compromiso emocional que tenemos con ellas, si habitamos mundos de lucha por la posesión donde además lo que uno tiene es lo que le falta a los otros, entonces con drogas o sin drogas la violencia está instalada en la negación que hace lugar a la agresión. Por último, está claro que la adicción puede llevar a las personas a una desesperación extrema. Pero… ¿Será la cárcel un lugar adecuado para resolver la desesperación? y en los casos en que se recurre a los centros de rehabilitación ¿No son estos una solución demasiado tardía?

 

            Resumiendo entonces esta parte, observamos que en nuestra comunidad la direccionalidad y densidad de los mensajes dominantes se encuentra desequilibrada y que desde los medios, a través de la difusión broadcasting de hechos delictivos, explicaciones sobre los mismos, maniobras defensivas, reacciones espontáneas y políticas públicas, no hacemos otra cosa que estabilizar una forma de convivencia que incluye la violencia. Y que permanentemente conservamos en nuestro vivir y convivir y que conservamos transgeneracionalmente lo que quisiéramos modificar en la ceguera de no ver lo que los mundos que traemos a la mano en nuestro vivir y convivir no nos dejan ver.

 

            Por otro lado quiero incluir el remanido asunto del consumismo. Todos sabemos y solemos decir críticamente que vivimos en la “sociedad de consumo”. Aunque en general reducimos esta expresión a su significado económico en cuanto a que nuestra economía (como si fuera independiente de la cultura) pasó de la economía de demanda de los años 60 en que el poder lo tenía el proveedor a la economía de oferta actual en la que el consumidor recuperó el poder perdido. Lo dicho es una explicación generalmente aceptada que puede ser cuestionada. Al contrario de haber recuperado poder, el consumidor parece haber sucumbido más profundamente aún al poder de la oferta. Los oferentes al no escatimar recursos en la búsqueda de la preferencia han vulnerado y avasallado la capacidad de decidir de los consumidores quienes no han invertido nada en defensa de su poder de decisión de compra. Es cierto que en los 60 la oferta mandaba porque era escasa y no había opciones. Pero no es menos cierto que el consumidor antes no podía elegir por falta de diversidad y ahora tampoco puede hacerlo libremente porque se encuentra manipulado y abrumado emocionalmente. La sociedad de consumo actual mejor podría ser vista y denominada como sociedad de la necesidad, de la escasez y de la ansiedad y digámoslo sin vueltas… del sufrimiento. A manos de la publicidad, el desmesurado broadcasting mencionado antes y la inescrupulosa manipulación emocional de las compañías y el poder económico vamos instalando en las personas deseos de bienes y servicios que en muchos casos quedan totalmente fuera de su acceso pero no de su deseo.

 

Nuestros niños y jóvenes (también los adultos aunque eso nos preocupe menos) son constantemente empujados hacia el consumo con todo tipo de apelaciones, las estrategias publicitarias apoyadas en manipulaciones emocionales son la mayoría actualmente. Ya casi no quedan campañas en las que se destaquen las características del producto que se intenta vender o sus procesos de fabricación o sus utilidades y beneficios. Ahora las zapatillas se venden porque permiten hacerlo todo, productos de diverso tipo desde desodorantes hasta automóviles proporcionan una seducción y sensualidad irresistibles, otros productos o servicios ofrecen la oportunidad de pertenecer a una elite de poder, o a una elite de felicidad o de alguna forma de privilegio. ¿Será que el mundo emocional en el que surgen y al que luego refuerzan las campañas comerciales está habitado más bien por arrogancia, envidia, codicia, agresión, vanidad, en un permanente negar al otro y aún a uno mismo, que por la emoción del amor, por la aceptación y reconocimiento del otro y de sus universos?

Resulta interesante ver el reciente comercial anticrisis de Coca Cola http://www.youtube.com/watch?v=bIHRh496i7g es un corto verdaderamente conmovedor acerca de la vida y del buen vivir asociados implícitamente al consumo de la gaseosa. Lo bueno de que la manipulación sea tan obvia y flagrante es que ya  permite advertir sobre su deshonestidad hasta al más desprevenido. Es obvio que todo lo que se ve allí sucedería si la Coca Cola no existiera y que en las imágenes en las que se la muestra subliminalmente se podría haber visto cualquier otra bebida o aún ninguna sin que nada cambie en absoluto… pero se ve Coca Cola.

 

Toda la co-construcción que hacemos de este mundo emocional en el que navegamos al vivir nuestra cultura es en sí misma una negación del otro y aún de uno mismo. Toda esta estimulación emocional que tanto parece ofrecer, que tantos beneficios promete dar, solo está orientada a quitar. Lo único que da es ilusión. Deja a las personas con deseos cada vez más grandes y billeteras cada vez más chicas. Y una gran y permanente frustración y sufrimiento. Es enormemente tensionante vivir en un eterno no poder alcanzar lo que se desea.

 

Y nos metemos en un espacio social en el que los derechos colisionan. Desde la misma Constitución Nacional de nuestros países nos garantizamos derechos que no se cumplen simultáneamente. Los excluidos que no tienen nada, tienen garantizado el derecho a una vida digna cada vez más inalcanzable. Los poderosos a los que nada les falta tienen garantizado el derecho a la propiedad privada. Entonces vuelvo a formularme la pregunta que dio origen a estas reflexiones… ¿Cómo es que no hay más inseguridad y violencia?

 

            Se podría agregar a todo lo dicho una lista de las mil y una maneras de violencia y las distintas formas de negación ocultamente presentes en nuestro convivir. Violencia política, mentira y manipulación desde el mismo estado, corrupción, competencia desleal, excesos de todo tipo, etc., etc., para ahondar en la percepción de que vivimos un sistema conservando aquello que declamamos querer cambiar porque nos produce sufrimiento. Espero haber podido ser claro con lo expresado hasta aquí.

 

No tengo una respuesta para la pregunta, pero es posible que mañana haya mucha más inseguridad y violencia que hoy, como también es posible que haya mucha menos. Hoy estamos donde y como estamos en este instante como individuos y como cultura dependiendo de todos nuestros haceres y circunstancias consecutivos desde hace 3 millones de años en adelante tanto en nuestra vivir biológico como en nuestro vivir humano cultural. Y así seguiremos.

 

FIN

 

Muchas gracias.

Guillermo de Guzmán

 

 

 

Nota: Llegado a este punto me pregunto sobre la finalidad de haber escrito esta monografía y me conmueve darme cuenta de que no la ha tenido, de que no hubo un propósito, una búsqueda de resultado práctico. Por supuesto quería escribir mi tesina para el diplomado, pero fui “llevado” de manera totalmente no racional a este tema. Soy ingeniero electrónico y empresario y me podría haber resultado más “útil” y quizás más fácil pensar sobre temas relacionales, organizacionales, coaching, etc. Pero de pronto me encontré fluyendo en estas ideas sobre violencia e inseguridad y me resultó placentero. Y esto viene a ratificar que genera bienestar el aceptar el fluir en el hacer que desde el emocionar se orienta, como un acto de amor propio, con todas las implicaciones que esto tiene. Y tomando esto para cerrar el tema de la monografía, digo que si atendiéramos al emocionar que permanentemente guía nuestro hacer y pensar, el de los buenos, los malos, los ricos, los pobres, los cultos, los ignorantes, comenzaríamos a librarnos y liberarlos de estas categorías y alumbraríamos un mundo más armónico para ser vivido.

 

 

 

Bibliografía: En la monografía no se menciona bibliografía ni se traen citas textuales. Sin embargo, la mayoría de los conceptos e ideas presentes en esta monografía se inspiran en el pensamiento de Ximena Dávila y Humberto Maturana vertidos en todos sus libros y ensayos y en mi manera de escucharlos y entenderlos en este momento.


Agradecimientos: Especial agradecimiento al Instituto Matríztico por haber sido el espacio en el que fui amorosamente invitado al entendimiento de la Matriz Biológico-Cultural de la Existencia Humana. Y a mis compañeros del Diplomado por haberme acogido amorosamente en el cohabitar el proceso.


GUILLERMO DE GUZMÁN
http://www.matriztica.cl

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